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Tu maldito nombre

Para hablar del dolor, tengo que remontarme a tu nombre, no a cicatrices antiguas, ni contusiones recientes. Tu nombre, frustrante, como una abuela para un niño sin sueño. Para hablar de tu nombre, tengo que descoserme la boca, desprenderme del ego, desnudar el fracaso. Tengo que llamarte en otro rostro y que tu recuerdo, se convierta en incógnita indescifrable de una ecuación de mi cerebro. Tu nombre, resbaladizo, como un tobogán despues de la lluvia. Ayer lo escuché desde otra boca, suave, como si no significara nada, como si en sus sílabas no cupiera toda la vida de un hombre. Claro que ella no eras vos, y se giró levemente sin notar cuánto peso soportaba mi pecho en una sola palabra. Pensé en vos, en tu vida de casada, en tus manos indecisas calentando mamaderas, en tus tacos atrincherados en el armario de la decencia, en las abejas marchitas del enjambre de tu escote. Pensé en vos, tendiendo tu desnudo con broches de la ropa, hablando del clima con tu vecina del segundo, llorando ...

REPOSA EL ADIÓS.

Ella en el catre. Tan viva es su respiración que me deja sin aire. Tendida sobre la sábana como mi aliento sobre su cuerpo. Ojalá sueñe con arreglar sus problemas. El viento no entiende de suspiros hasta chocar contra su boca y lo confunde con un jadeo. Despertame a las cuatro, me dijo. A esa hora su perfume se debe ir de mi lado. Pero queda su silueta marcada en mis ojos, su transpiración en mi pecho. Y su sonrisa haciendo eco en todos los rincones de mi alma.

Siempre llego tarde.

¿Sabes lo malo de la puntualidad? ¿De esa adicción a no jugar con el tiempo de nadie? Que nunca, nunca, sabrás cuánto te esperan. A mí me ha ocurrido con tu vida. Claro que vos no tenés la culpa, cómo ibas a pensar que tal vez, que quizás, que a lo mejor, yo existía. Pero acá estoy, observando con nitidez el desorden de tu futuro, los cimientos de tu pasado. Contándote cicatrices que puedo lamer pero no borrar, que puedo tapar pero no esconder. Tenés en la risa las cosquillas que me debes, en el acento la canción que bailaría. Parece que saliste de un cuento de hadas y venís de matar a todas las princesas de los cuentos, para que ya no sufran por amor. Tenés la curva en otra curva, pareces una ruta donde frenar es de cobardes, donde volar es necesario. Yo tampoco te esperaba, yo también me he equivocado, no solamente de vida, también de mujeres, también de sonrisas. Incluso he llegado a pensar que ya no había más piedras en el camino, que perder el equilibrio iba a depender más del bor...

LO QUE NO HARÉ.

Pasarán mujeres con minifalda, habrá escotes mirándome a los ojos, tacos poniendo melodías al morbo, alguien, cualquiera, me dirá algo sobre el amor y yo lo primero que haré será pensar en vos. Me asaltará alguna duda cuando una morocha de playa le ponga algún verso a mi próximo poema. Me pararé un instante al borde del camino, en el momento en que una rubia de publicidad le ponga una etiqueta con el precio al atajo más cercano al futuro. No habrá errores, no alquilaré mi pecho, no venderé mi alma, no traicionaré la tregua. Podré, claro, sucumbir al encanto, divagar sobre la fantasía, idear un juego extremo, en el que perderé antes de lanzar los dados. No será una cuestión de suerte, ella ya estuvo de mi parte, cuando le puso letra al amor en aquella carta que atravesaba la frontera del prohibido, y nos hizo chocar con un beso a traición y un abrazo a escondidas. Cuando el amor deja de ser un círculo, cuando lo llenamos de obstáculos, cuando creamos una propiedad, como si pudiéramos se...

Paula

Hace unos días se me acercó Paula. Tenía las botas altas de hacer esa música solo comparada a la lluvia sobre los tejados, y esas medias negras de lana de no pasar frío. Paula es peligrosa, las mujeres que saben lo que quieren siempre lo son. Fonollosa en un poema las explicaba así: “Quiero una mujer que cuando me mire vea a un hombre” Paula no sabía nada de hombres, ni de cuántas mentiras piadosas se suelen contar después de los orgasmos. Paula solo sabía que las tetas le habían crecido demasiado pronto y que los hombres todos, ya no la miraban como antes. No sé en qué colegio aprendió a hacerse nudos en el pelo solo con el dedo índice. Mientras te posaba los ojos como quien mira una nube. Ni sé quién le mostró a descruzar las piernas de esa manera tan lejana a la inocencia, ni porque sus tangas nunca eran blancas y su lengua era siempre roja. Se colocó cerca de mi boca, masticaba chicle, todo olía a fresa, el mundo olía a fresa, qué bello sería -pensé-  que Paula lo contaminara t...

Soñando de añorar, no de estar soñando.

Me hago más mayor, no más viejo, también me hago el idiota, aunque lo soy. Lo soy de no saber lo que sabría. Hablo de tu sabor, eso se entiende. Dice la luz que entra por la ventana que ya está aquí el verano y que tus piernas le calientan la cama a otro cualquiera. Que debe tener nombre como es lógico pero lo llamarás corazoncito, o gordo, o morci, o amor. Lo sé porque el amor te pone apodos, así puedo llamarte en otro nombre. Y tengo un niño dentro de mi pecho, que sueña que te vas y luego vuelves, vuelves de volver no de dar vueltas. Y tengo un hombre justo en el espejo, que tiene de tener, no de ahora tengo las ganas de ganar y de perderme, perderme de perder, no de perderte. Supongo que el amor es un empate. La playa es confundible con desiertos sin vos y sin tus bikinis de colores, lo dicen los turistas y tus exnovios. Mi madre no lo dice aunque lo piensa, lo piensa de pensar que estoy pensando. Si pienso, pienso en vos. También se entiende. Lo dije sin querer pero lo dije, —Si c...

Recuerdo haberme perdido

No puedo ubicar el momento exacto en que sucedió. Pero sí el cual hice todo para reencontrarme. Del mismo modo en que uno vuelve a los lugares donde amó. Yo vuelvo, una y otra vez. A veces más veloz, Otras con miedos y resistencias. A las ramas que me supieron acoger. A los pastos que supe pisar. A ese cielo que me supo besar. A ese viento que me curó el exilio. Y me devolvió a las tierras de las que nunca me tuve que haber ido.

Silencio! Acción!

Nueve semanas sin medias, resulta que no hizo tanto frío aquel otoño, ni Marilyn tenía tanga bajo su vestido. Yo siempre me la había imaginado depilada a pesar de la época y el clima. Luego, más tarde, Sharon descruzó las piernas, y yo creí en el cielo así de golpe. Lo peor de todo eran los pochoclos y los niños de la quinta fila. Winona estaba demasiado flaca y Kidman demasiado lejos. Yo me sabía de memoria todos los diálogos de “Moulin Rouge” y quería ser Christian y que vos fueras Satine,  para besarte más allá de la pantalla y ocultos del duque para más pasión, como quien le pone pimienta a todas las comidas, para más pasión. Los de relleno seguían dando patadas, saltos, volteretas imposibles, mostrando aquellos musculosos torsos a falta de talento actoral, o poco estudio o dedicación. Y todo ese circo berreta pasaba mientras vos suspirabas con  los ojos abiertos como soles, y yo y mi tembloroso cuerpo seguíamos temiéndole al otoño y al desnudo. Eras vos mi película favori...

Cerebro triunfante.

Marilyn tenía más glamour sentada en el inodoro meando, que vos con ese vestido prestado. Y, sin embargo, te balanceas por la calle en un columpio imaginario como si todo tu alrededor más cercano se hubiera enamorado de vos al instante. Lo cierto es que sos bellísima, y tenés ese cuerpo con el que sueña cualquier quinceañero con acné. Pero se te olvida siempre que la belleza no es más que azar y si no sabes usarla es ella la que al final termina usándote a vos. Sin cerebro no sos más que carne, el premio efímero de hormonados de gimnasio o la eterna amante de ejecutivos con casas de tres pisos. Te miro entre el deseo y el rechazo, la guerra confusa entre mi erección y el cerebro, un segundo te cruzas por la avenida de mis ojos, para luego levantar la cabeza con esa superioridad que te presta la talla noventa y cinco de un escote de póster de taller mecánico. De espaldas, mientras te vas alejando de mi campo de visión, tu culo aeróbico me hace una entrevista a la que contesto con desgan...

Viajar está sobrevalorado si no es con vos.

Cuando decidí no verte más, por más que te buscara en la multitud no había señal de tu silueta. Entonces me fui a recorrer el mundo, con la idea de que no buscándote tal vez te encontrara. Recuerdo tu mueca cuando te dije que en París también se ponen los cuernos. No es el lugar, es la lealtad que habita en uno. El papel de buena gente no le dura mucho al que lo finge. No sabes cuántas torres Eiffel hice con mis propias manos en la compañía de tu ausencia y mi lujuria. Cuantas noches pasé por el arco del triunfo para decir tu nombre antes del orgasmo, para volver al fracaso después de tenerlo. Ya no rompen las olas contra tus ojos de Diosa. Venecia es cualquier ciudad después de la lluvia. No sabes lo difícil que es hacer un charco con tus propias lágrimas. Dicen que lo peor del naufragio es la distancia que hay desde el accidente a la orilla. Lo que no mencionan es que la orilla, casi siempre es una persona. Que hacer pie no es una cuestión de altura ni de profundidad, si no de compañ...

De manzanilla para mi

Escribir sin saber que vas a leerme es un alivio. Me permite escurrirme entre los adjetivos y los momentos de tensión. En ese ir y venir que sucede cuando el poema va dando vueltas hacia una idea pero sin llegar a ninguna. Como nosotros. ¿A quién le estás contando sobre tu compañera de trabajo que tiene el pelo más duro que una escoba, mientras se te va creando la carcajada? La pandemia no debería entrar en este texto. La quise dejar afuera, pero ella ahora es parte de nosotros. Esa parte que conjugó la distancia. ¿Vos sabés lo difícil que es relacionarse en estos momentos? Que sí, que no. Que le di un like, que no le miré la historia, que no pude reaccionar y se me pasaron las 24 hs. Todo ese mundo que muchos ven cómo una ventaja me está agobiando. Quizás no sea eso, dijo mi analista el miércoles pasado. Quizás sea la falta, respondí yo, y ambos nos quedamos en silencio. Encontrarme con otro cuerpo es bastante fácil, pero encontrarme con el tuyo es muy difícil. La última vez que nos v...

Y ser yo, por ti, contigo.

Puedo traducir los gritos de Sharápova al idioma del gemido, escribir un relato sucio sobre sexo público en los baños de un bar de jubilados mientras bebo café en mi taza de princesas de Disney. Hacer un millón de flexiones si te pienso debajo, venderle mi alma a la primera mujer que me prometa no llevarme de compras a su próxima renovación de vestuario. Creo que podría hasta escribir un poema de amor. O bailar desnudo bajo la lluvia de invierno la canción de tus zapatitos de tacón sobre los charcos, regalarle mi lengua eléctrica a casadas que fingen los orgasmos. Podría coleccionar alfabéticamente posdatas que me hagan daño, mirarme durante más de tres segundos al espejo y no odiarme, no del todo. Buscar trabajo, dejar el pucho, el alcohol, la falopa, mi vida… debajo de un tren con destino a la nostalgia. Recitar un poema a gritos subido en un contenedor de basura, comerme tu lasaña, batir el récord de masajes en la espalda o aceptar “hijo de puta” como verso del amor que me profesas....

Malditos verbos.

Duele, tu ausencia son buques de guerra y mi espalda Normandía. Arde, pero me lavo las lágrimas con alcohol. Pica, y tus garras están tan lejos. Juzgan, pero no entienden el amor sin números. Atestiguan, sin certezas ni dudas. Y yo, cada vez con los pulmones más rotos que vos.

Para no olvidarme.

Estoy tardando en volver a ser yo. Porque me rompí en tantos pedazos que tengo el alma hecha un rompecabezas. Esta vez me estoy armando solo. Y preciso tiempo, porque... quiero recordarme bien. Así sí me rompo, lo hago sin miedo a olvidar quien soy.

Desobediente

No vuelvas. No se te ocurra un regreso. Murió la primavera, no marchitó, fue muerte, el verano pasó de largo, te juro que parecía un avión, un cometa, una puta estrella fugaz. No vayas a venir, ya no te espero. Tampoco las flores que te regalaba echan de menos tu pulso, ni tu voz, ni tu risa. A Diógenes, el gato que te maullaba desde el otro lado de la calle lo atropelló un auto. Fue una muerte rápida, no sufrió. Hay quienes tienen suerte. No se te ocurra una excusa cuando abra la puerta. Tampoco un escote, ni zapatos rojos, ni el vestido floreado. No se te ocurra un poema ahí en la entrada de casa, sin ni siquiera abrir la boca. Ya les dije a la tristeza, a la nostalgia, al llanto, ya le conté al río, a los árboles del parque, a la ausencia de tu calor. A mamá no le dije nada, ella siempre sabe. Ella dijo solamente, que cuando te dieras cuenta volverías. Pero no te des cuenta. Hay algo peor que no llegar nunca y es llegar tarde. Y siempre pierdo en la carrera contra el ocaso y me trag...

Por mi salud mental

Interrumpe mis suspiros, dejame seco de alma y cada vez que exhale diga tu nombre. Llename de tu ausencia y deja un vacío en mi pecho para colgar tus memorias. Pegame todas las enfermedades venéreas en mi pelvis, así cuando me rasque piense siempre en vos. Vacía mi heladera de las pocas sobras que aún quedan con tu perfume. Olvida mi nombre, los apodos cargados ternura que alguna vez hicieron girar mi cabeza cuando mi oído se tragaba toda tu melodía al llamarme. Arranca de raíz mi perfume de tu piel. Quitate el sabor a eternidad que deje cultivando en tu lengua para cosecharlo en un futuro que jamás nos quiso juntos. Cortame la cabeza en todas las fotos, como quien corta los deseos que añora por temor a que se cumplan y ser feliz. Y que cada vez que me mires en la calle, le hagas un jaque mate a mi esperanza. Porque lo que vuelve loco a un hombre no es el amor, sino la esperanza. Que es mejor un "hasta nunca" que cualquier "a lo mejor", que prefiero un "no te a...

El lado oscuro de la nostalgia

He abierto los ojos y al no verte lo he llamado también oscuridad. No he visto más que el odio al que me aferro, de no saber quién soy si no me nombras, de no saber qué ser si no me abrazas. Y bailábamos, a nuestra forma, bajo una nube, mientras el futuro nos miraba de reojo, con los dedos manchados de orgasmos, la ropa en el suelo y la cámara prendida. Se nos ha olvidado que el amor aunque siempre se alimente de recuerdos nunca jamás debe hacerse de memoria. Improvisar es la clave. Lo realmente jodido es que solo se sabe de la felicidad cuando tiempo después te traga la tristeza. Hace frío. La mayoría de las veces el clima depende más de con quién estás que de la temperatura que haga. No tenés ni la más remota idea de lo grande que se hace el sol cada vez que me besas.

Asesinos

Al ángel que velaba mis sueños lo mató el insomnio, a mi yo adolescente diez tortas de chocolate sin velas y sin deseos. A mi Abuelo un enero de mierda y un médico con título de $80.000, a dos buenos "amigos" la velocidad o la confusión de una línea discontinua, a otro la enfermedad de moda. (Siempre odié las modas) A mi pulmón derecho el humo de la nostalgia, al pulso de mis manos un poema sobre vos, a mis zapatos preferidos el camino hasta tu piel, a mi hambre tu fresa, a mi sed solo el whisky. (Jamás me fie de las cosas transparentes) A Neruda me lo asesinó Bukowski de una metáfora en la nuca, al romanticismo de Bécquer el desenamorado Fonollosa y García Márquez perdió la patria por otro colombiano más real. A tu canción preferida la reiteración de una radio pirata, al paraíso prohibido un salto sobre la valla.  Y a los sábados desconocidos la llegada de una dama cargada de viernes mágicos. A los mil besos con tu nombre un pasaje más frío que su destino.  Y acá entre cadáv...

Fusión

Quisiera hacerme chiquito, diminuto, y entrar en tu bolsillo, acompañarte a todos lados. Eso sería lo imposible. Y que me vuelvas a amar, más difícil todavía. Tengo tantas personalidades que cada vez que me masturbo es una orgía, y vos ni siquiera participas, me da miedo ensuciarte en mi mente. Sin embargo, en todas ellas no hay ninguna que no quiera morir por asfixia en tus brazos. Desde que se te cayó esa mueca mirándome a los ojos ninguna sonrisa me es complaciente. Me aburren las carcajadas, las miradas de amor ya no las creo. Camino y veo mujeres hermosas, luego pienso en vos, y las comparo, y de mujeres no tienen nada. Has arruinado mi vista, ya no distingo lo hermoso de lo perfecto, porque vos sos la fusión de los dos.

Beodo.

Cuando acepté que el alcohol no era sinónimo de olvido, empecé a beber sin tener excusas. La gente no me miraba bien. Los mismos con los que compartí algún brindis para maldecir una cintura, o unas caderas, o un buen culo, me dieron la espalda. Los que te han visto siempre triste no aceptan tu felicidad si no se consideran culpables de provocarla. Como si la tristeza al ser mutua en lugar de aumentar, restara. Para sentarse en aquella barra de curdas debías tener al menos dos motivos y uno tenía que ser el nombre de una mujer. Si eran dos los nombres la resaca era espantosa. Decía Emilia, la bartender, “Si un amor se va antes de tiempo el desamor se queda para siempre” También decía, “Hay gente que lleva tanto tiempo sola, que confunde soledad con amor propio” En aquel tiempo yo tenía motivos, y tenía un nombre, y nostalgia, y hasta amigos. Creo que nunca estuve tan solo. De vuelta a casa le preguntaba a las lámparas de la calle por mi hogar, pero aquellas putas luces me llevaban siemp...