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Viajar está sobrevalorado si no es con vos.

Cuando decidí no verte más,
por más que te buscara en la multitud
no había señal de tu silueta.

Entonces me fui a recorrer el mundo,
con la idea de que no buscándote
tal vez te encontrara.

Recuerdo tu mueca cuando te dije
que en París también se ponen los cuernos.
No es el lugar,
es la lealtad que habita en uno.

El papel de buena gente
no le dura mucho al que lo finge.

No sabes cuántas torres Eiffel hice
con mis propias manos en la compañía
de tu ausencia y mi lujuria.

Cuantas noches pasé por el arco del triunfo
para decir tu nombre antes del orgasmo,
para volver al fracaso después de tenerlo.

Ya no rompen las olas contra tus ojos de Diosa.
Venecia es cualquier ciudad después de la lluvia.
No sabes lo difícil que es hacer un charco
con tus propias lágrimas.

Dicen que lo peor del naufragio
es la distancia que hay
desde el accidente a la orilla.

Lo que no mencionan es que la orilla,
casi siempre es una persona.

Que hacer pie
no es una cuestión de altura
ni de profundidad,
si no de compañía.

Que ahogarse, además de no poder respirar,
también son las desganas de conseguirlo.

Ya no le ladran los perros a la sombra que olvidaste.
Es como si hubieran dejado de verte.

Ya no hay aviso de un regreso.
No asoma la esperanza,
es todo ruido
y luego un silencio insoportable.

Atenas es lo que queda después de una guerra.
Todavía caen bombas desde el otro lado del recuerdo.

A veces recojo mi cadáver,
otras lo dejo abandonado en mitad de la nada,
luego me lanzo al alprazolam
y vuelvo a existir,
pero solo la mitad de mí.

También he aprendido a tomar Gin solo,
no me refiero a sin nada,
me refiero a sin nadie.

Estar sin vos es eso, estar sin nadie,
y da igual cuanto bullicio me flote alrededor.

Nueva York es una mentira de Hollywood,
Praga es una anciana pidiendo la eutanasia,
Roma, una moneda lanzada a un mendigo,
Madrid se parece tanto al olvido
que ni siquiera la recuerdo.

Cuando amanece,
qué ahora es siempre lejos de tu boca,
se me eriza la piel con alguna canción
que el Sol me elige.

He visto mujeres que se parecen tanto a vos,
que no eras vos de milagro.
Casi siempre espero un milagro.

¿Te acordás cuando rezaba entre tus piernas?
Decía que ahí estaba Dios.
No he vuelto a verlo desde entonces.

Ya no soplo las velas,
te juro que es por vergüenza a pedir
otra vez el mismo deseo.

En Berna hace tanto frío
como despertar sin vos.

Berlín es como lanzarse de espaldas
y que nadie te agarre.

Y Tokio, Tokio es como ir al futuro
y notar de repente que tampoco estás ahí.

Supongo que la única ciudad bonita
que queda en el mundo sos vos.

Y no sé cómo volver,
ni sé cómo quedarme.





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