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Tu maldito nombre

Para hablar del dolor,
tengo que remontarme a tu nombre,
no a cicatrices antiguas,
ni contusiones recientes.

Tu nombre, frustrante,
como una abuela para un niño sin sueño.

Para hablar de tu nombre,
tengo que descoserme la boca,
desprenderme del ego,
desnudar el fracaso.

Tengo que llamarte en otro rostro
y que tu recuerdo,
se convierta en incógnita indescifrable
de una ecuación de mi cerebro.

Tu nombre, resbaladizo,
como un tobogán despues de la lluvia.

Ayer lo escuché desde otra boca,
suave, como si no significara nada,
como si en sus sílabas
no cupiera toda la vida de un hombre.

Claro que ella no eras vos,
y se giró levemente sin notar cuánto peso
soportaba mi pecho en una sola palabra.

Pensé en vos, en tu vida de casada,
en tus manos indecisas calentando mamaderas,
en tus tacos atrincherados
en el armario de la decencia,
en las abejas marchitas
del enjambre de tu escote.

Pensé en vos,
tendiendo tu desnudo con broches de la ropa,
hablando del clima con tu vecina del segundo,
llorando otra vez después de ver Pretty Woman.

Recordé cómo te mordías el labio
cuando no estabas de acuerdo,
esa manía infernal de dejar las llaves
en cualquier sitio menos en tu cartera,
el olor a mujer de otro que desprendías
cuando te quedabas fija mirando al horizonte,
el perfume a playa de tus muslos
cuando ponías el grito en el cielo
y el cielo en mi boca.

Recordé que besabas al cerrar los ojos,
que solo soñabas si los tenías abiertos,
que cuando mentías se te arrugaba la frente,
que bailabas por el pasillo para no tropezar con mi vida,
que mi vida siempre esperaba que cerraras los ojos
y que tu frente estuviera lisa
después de un te amo.

Y te maldije,
maldije tu cintura de sirena a la deriva,
tu lengua de serpiente,
tu culo brasileño,
maldije tu vientre y su lluvia de lunares,
la pecas de tus pómulos,
las líneas de tus manos.

Tu nombre, grosero,
como una sonrisa en un velatorio.

Y te pensé,
te recordé
y te maldije.

Pero no pude nombrarte,
o quizá solo elegí no hacerlo.



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