No vuelvas.
Murió la primavera,
no marchitó,
fue muerte,
el verano pasó de largo,
te juro que parecía un avión,
un cometa,
una puta estrella fugaz.
No vayas a venir,
ya no te espero.
Tampoco las flores que te regalaba
echan de menos tu pulso,
ni tu voz,
ni tu risa.
A Diógenes, el gato que te maullaba
Fue una muerte rápida,
no sufrió.
Tampoco un escote,
ni zapatos rojos,
ni el vestido floreado.
No se te ocurra un poema
ahí en la entrada de casa,
sin ni siquiera abrir la boca.
Ya les dije a la tristeza,
A mamá no le dije nada,
ella siempre sabe.
Ella dijo solamente,
que cuando te dieras cuenta volverías.
Pero no te des cuenta.
Hay algo peor que no llegar nunca
y es llegar tarde.
Y siempre pierdo en la carrera
Siempre me traga la noche desde entonces.
No vuelvas ahora que la almohada
está huérfana de tu perfume,
que la chica rubia de la farmacia
me llama por mi nombre,
que me saluda la colorada del barrio,
que puedo poner mi música,
colocar tus libros en la tercera fila
y tus pelos no se anclan en el drenaje.
No consideres un regreso,
una huida,
un giro en el camino.
Ya no hay atajos a mi piel.
Ya no hay senderos a la herida.
Cuando todo es dolor ya nada duele.
Es como la felicidad,
Tiene que pasar el tiempo
para que el cálculo sea realista.
Y toda mi realidad está a tu nombre.
Cómo un pasado maldito.
Cómo un presente vacío.
Cómo un futuro impreciso.
Así que no, no vuelvas,
ni se te ocurra.
Y ojalá otra vez como siempre,
no me hagas caso.
No se te ocurra un regreso.
Murió la primavera,
no marchitó,
fue muerte,
el verano pasó de largo,
te juro que parecía un avión,
un cometa,
una puta estrella fugaz.
No vayas a venir,
ya no te espero.
Tampoco las flores que te regalaba
echan de menos tu pulso,
ni tu voz,
ni tu risa.
A Diógenes, el gato que te maullaba
desde el otro lado de la calle
lo atropelló un auto.
lo atropelló un auto.
Fue una muerte rápida,
no sufrió.
Hay quienes tienen suerte.
No se te ocurra una excusa
cuando abra la puerta.
cuando abra la puerta.
Tampoco un escote,
ni zapatos rojos,
ni el vestido floreado.
No se te ocurra un poema
ahí en la entrada de casa,
sin ni siquiera abrir la boca.
Ya les dije a la tristeza,
a la nostalgia,
al llanto,
ya le conté al río,
a los árboles del parque,
a la ausencia de tu calor.
ya le conté al río,
a los árboles del parque,
a la ausencia de tu calor.
A mamá no le dije nada,
ella siempre sabe.
Ella dijo solamente,
que cuando te dieras cuenta volverías.
Pero no te des cuenta.
Hay algo peor que no llegar nunca
y es llegar tarde.
Y siempre pierdo en la carrera
contra el ocaso y me traga la noche.
Siempre me traga la noche desde entonces.
No vuelvas ahora que la almohada
está huérfana de tu perfume,
que la chica rubia de la farmacia
me llama por mi nombre,
que me saluda la colorada del barrio,
que puedo poner mi música,
colocar tus libros en la tercera fila
y tus pelos no se anclan en el drenaje.
No consideres un regreso,
una huida,
un giro en el camino.
Ya no hay atajos a mi piel.
Ya no hay senderos a la herida.
Cuando todo es dolor ya nada duele.
Es como la felicidad,
sabes que la provoca
pero no cuán feliz sos.
pero no cuán feliz sos.
Tiene que pasar el tiempo
para que el cálculo sea realista.
Y toda mi realidad está a tu nombre.
Cómo un pasado maldito.
Cómo un presente vacío.
Cómo un futuro impreciso.
Así que no, no vuelvas,
ni se te ocurra.
Y ojalá otra vez como siempre,
no me hagas caso.

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