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Soñando de añorar, no de estar soñando.

Me hago más mayor, no más viejo,
también me hago el idiota,
aunque lo soy.
Lo soy de no saber lo que sabría.
Hablo de tu sabor, eso se entiende.

Dice la luz que entra por la ventana
que ya está aquí el verano y que tus piernas
le calientan la cama a otro cualquiera.
Que debe tener nombre como es lógico
pero lo llamarás corazoncito,
o gordo, o morci, o amor.
Lo sé porque el amor te pone apodos,
así puedo llamarte en otro nombre.

Y tengo un niño dentro de mi pecho,
que sueña que te vas y luego vuelves,
vuelves de volver no de dar vueltas.

Y tengo un hombre justo en el espejo,
que tiene de tener, no de ahora tengo
las ganas de ganar y de perderme,
perderme de perder, no de perderte.

Supongo que el amor es un empate.

La playa es confundible con desiertos
sin vos y sin tus bikinis de colores,
lo dicen los turistas y tus exnovios.
Mi madre no lo dice aunque lo piensa,
lo piensa de pensar que estoy pensando.

Si pienso, pienso en vos.
También se entiende.

Lo dije sin querer pero lo dije,
—Si cerras esa puerta abrís mi vida—
A veces uno miente por cobarde.

Dejaste de fumar para marcharte
sin dejarme una excusa en las colillas,
supuse que esa vez fue para siempre.
Y siempre es todavía por desgracia.

Y me hallo en esta parte de la vida,
que vivo por inercia y por morirme,
hablo de morir no hablo de muerte,
hablo de que no estás,
estar de estarme,
muriéndote por mí,
morir de vida.



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