Pasarán mujeres con minifalda,
habrá escotes mirándome a los ojos,
tacos poniendo melodías al morbo,
alguien, cualquiera,
me dirá algo sobre el amor
y yo lo primero que haré
será pensar en vos.
Me asaltará alguna duda
cuando una morocha de playa
le ponga algún verso a mi próximo poema.
Me pararé un instante al borde del camino,
en el momento en que una rubia de publicidad
le ponga una etiqueta con el precio
al atajo más cercano al futuro.
No habrá errores,
no alquilaré mi pecho,
no venderé mi alma,
no traicionaré la tregua.
habrá escotes mirándome a los ojos,
tacos poniendo melodías al morbo,
alguien, cualquiera,
me dirá algo sobre el amor
y yo lo primero que haré
será pensar en vos.
Me asaltará alguna duda
cuando una morocha de playa
le ponga algún verso a mi próximo poema.
Me pararé un instante al borde del camino,
en el momento en que una rubia de publicidad
le ponga una etiqueta con el precio
al atajo más cercano al futuro.
No habrá errores,
no alquilaré mi pecho,
no venderé mi alma,
no traicionaré la tregua.
Podré, claro, sucumbir al encanto,
divagar sobre la fantasía,
idear un juego extremo,
en el que perderé
antes de lanzar los dados.
No será una cuestión de suerte,
ella ya estuvo de mi parte,
cuando le puso letra al amor
en aquella carta que atravesaba
la frontera del prohibido,
y nos hizo chocar
con un beso a traición
y un abrazo a escondidas.
Cuando el amor deja de ser un círculo,
cuando lo llenamos de obstáculos,
cuando creamos una propiedad,
como si pudiéramos ser el dueño del otro,
cuando invadimos los secretos,
alteramos la confianza
y caemos en la trampa
de intentar crear al prójimo
a nuestro antojo.
El círculo se convierte
en laberinto, y en él,
cada vez es más difícil encontrarnos.
Vendrán mozas con ofertas para la sed,
alguna vez se parará el ascensor
en el piso equivocado,
imaginaré cómo sabe la asfixia
entre las nalgas de una actriz porno,
o caeré en las garras de lo ilícito
en cualquier oscuridad de tu parpadeo.
Pero jamás dejaría de elegirte.
Jamás me arrepentiría
de haber dicho tu nombre.
De atar mi destino a tu boca,
mi futuro a tus ojos,
mi vida a tus manos.
Jamás dejaré de ser tuyo,
no porque vos quieras que lo sea,
si no porque soy yo quien lo necesita.
Por eso, amor, por eso.
divagar sobre la fantasía,
idear un juego extremo,
en el que perderé
antes de lanzar los dados.
No será una cuestión de suerte,
ella ya estuvo de mi parte,
cuando le puso letra al amor
en aquella carta que atravesaba
la frontera del prohibido,
y nos hizo chocar
con un beso a traición
y un abrazo a escondidas.
Cuando el amor deja de ser un círculo,
cuando lo llenamos de obstáculos,
cuando creamos una propiedad,
como si pudiéramos ser el dueño del otro,
cuando invadimos los secretos,
alteramos la confianza
y caemos en la trampa
de intentar crear al prójimo
a nuestro antojo.
El círculo se convierte
en laberinto, y en él,
cada vez es más difícil encontrarnos.
Vendrán mozas con ofertas para la sed,
alguna vez se parará el ascensor
en el piso equivocado,
imaginaré cómo sabe la asfixia
entre las nalgas de una actriz porno,
o caeré en las garras de lo ilícito
en cualquier oscuridad de tu parpadeo.
Pero jamás dejaría de elegirte.
Jamás me arrepentiría
de haber dicho tu nombre.
De atar mi destino a tu boca,
mi futuro a tus ojos,
mi vida a tus manos.
Jamás dejaré de ser tuyo,
no porque vos quieras que lo sea,
si no porque soy yo quien lo necesita.
Por eso, amor, por eso.
Comentarios
Publicar un comentario