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Silencio! Acción!

Nueve semanas sin medias,
resulta que no hizo tanto frío aquel otoño,
ni Marilyn tenía tanga bajo su vestido.
Yo siempre me la había imaginado depilada
a pesar de la época y el clima.

Luego, más tarde, Sharon descruzó las piernas,
y yo creí en el cielo así de golpe.

Lo peor de todo eran los pochoclos
y los niños de la quinta fila.

Winona estaba demasiado flaca
y Kidman demasiado lejos.

Yo me sabía de memoria
todos los diálogos de “Moulin Rouge”
y quería ser Christian y que vos fueras Satine, 
para besarte más allá de la pantalla
y ocultos del duque para más pasión,
como quien le pone pimienta
a todas las comidas,
para más pasión.

Los de relleno seguían dando patadas,
saltos, volteretas imposibles,
mostrando aquellos musculosos torsos
a falta de talento actoral,
o poco estudio o dedicación.
Y todo ese circo berreta pasaba
mientras vos suspirabas con 
los ojos abiertos como soles,
y yo y mi tembloroso cuerpo
seguíamos temiéndole al otoño y al desnudo.

Eras vos mi película favorita,
la actriz de mis sueños,
de los dormidos, 
de los despiertos
y de los que estaban por llegar.

Quizás era injusto que 
mientras el Titanic se iba a pique
y vos buscabas en tu cartera de flores
pañuelos para secarte las lágrimas,
yo pensara en lo bien 
que te quedaba el pelo atado
al mejor estilo cola de caballo,
solo te faltaba relinchar
para convertirte literalmente
en una verdadera Yegua.
Y que a tu vestido
le sobraba un botón
o quizás dos.
Y que Hollywood se estaba perdiendo
mucho sin tus labios.

Por eso dejé de ir al cine cuando te fuiste,
porque olía a vos la cola y las butacas,
y los besos de la última fila
me preguntaban donde estaban tus labios.

La alfombra roja del salón
no volvió a ser la misma
sin tus pies desnudos,
ni mi mano derecha encuentra
tu pierna donde mojaba el morbo,
ni el viento tuvo fuerza suficiente
para llevarse todos tus recuerdos.

Casablanca extraña tu mirada de amor.
Sin vos ya no me queda ni París cariño,
ni siquiera eso.



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