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Paula

Hace unos días se me acercó Paula.
Tenía las botas altas de hacer esa música
solo comparada a la lluvia sobre los tejados,
y esas medias negras de lana de no pasar frío.

Paula es peligrosa,
las mujeres que saben
lo que quieren siempre lo son.
Fonollosa en un poema las explicaba así:

“Quiero una mujer que cuando me mire vea a un hombre”

Paula no sabía nada de hombres,
ni de cuántas mentiras piadosas
se suelen contar después de los orgasmos.

Paula solo sabía que las tetas
le habían crecido demasiado pronto
y que los hombres todos,
ya no la miraban como antes.

No sé en qué colegio aprendió
a hacerse nudos en el pelo
solo con el dedo índice.
Mientras te posaba los ojos
como quien mira una nube.

Ni sé quién le mostró a descruzar
las piernas de esa manera
tan lejana a la inocencia,
ni porque sus tangas nunca eran blancas
y su lengua era siempre roja.

Se colocó cerca de mi boca,
masticaba chicle,
todo olía a fresa,
el mundo olía a fresa,
qué bello sería -pensé- 
que Paula lo contaminara
todo con su aliento.

- ¿Sabes? - Me dijo
-Ayer cumplí dieciocho años,
ya puedes observarme sin sentirte culpable-

Luego pasó por mi lado como una ola de frío,
con esa sonrisa que usan los que
siempre están acostumbrados a ganar.

Mientras la calle doblaba
comenzaba a tragársela,
yo la seguí con la vista,
hasta que se difuminó del todo.

Y el mundo
volvió a oler a mundo.
Y yo,
no me sentí mejor.



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