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Infusión literaria.

Voy a meterme dentro de otro libro.  Dejar que sean sus manos las que me desnuden.  Que sus gargantas me pongan voz  y así no tener que sucumbir por mí mismo a su nombre.  Les permitiré odiarme también,  a veces por cobarde, otras por necio.  Podrán clasificar mis vicios por orden alfabético,  mis manías por orden cronológico,  mis sueños por desorden afectivo.  Dejarme de lado cuando empiecen su serie favorita.  Lanzarme al fondo de una biblioteca  cuando estén cansados de este amor eterno. Llorar cuando un verso les recuerde  que a ustedes ese tren que yo perdí,  también se les pasó de largo. No pondré obstáculos al orgasmo,  a la caricia,  al espérate que cene y ahora vuelvo.  Soportaré cualquier excusa  que no se convierta en promesa.  Seré la marioneta del hilo de su memoria.  Hacerme danzar,  nunca en un baile al tropezar lo hemos llamado abrazo,  hasta hoy.  Pueden volar ...

Pasen, pasen y vean

He aquí el monstruo que dice te amo con los labios sellados, el trapecista de tus medias de red cubierto de cicatrices. Pasen y vean al hombre bala entre sus piernas.... - ¿Ya? - Si ya, siempre tuviste la fresa demasiada acogedora, Princesa. Con todos ustedes: el hombre con barba, el hipocondríaco de las pastillas de colores, el fakir de sus uñas largas y sus tacones afilados, el malabarista de las palabras sin acentos. No se pierdan como juega a la ruleta rusa con todos los besos que no le dan, o como es capaz de doblarse hasta caber en el bolsillo de atrás de todos los pantalones que ella ya no se pone. Observar cómo se atreve a meterse en una habitación a solas con ella que da mordiscos en el cuello y besos en la nuca y te puede arrancar el corazón con sus propias manos para ponerlo bajo una lluvia de julio. Disfruten de su daltonismo mientras el arcoiris se burla desde el otro lado, o de cómo se le escapa el único conejo de su sombrero mientras planea un abrazo interminable en un c...

Sinceramente tuyo

Carroña, eso me siento cuando veo tus lagrimas invisibles de dudas. Yo que siempre fui certero en el amor para con vos, donde las dudas son ejemplos dados donde se ven los espejismos en el desierto más impuro de mis pensamientos. Hoy no me relajo, hoy me enervo entre mis raices y destilo odio y amor al mismo tiempo. Me quema la idea de estar en esta vida sin vos, sin mi compañera, amiga, amante, confidente, novia y si el universo quiere, futura esposa. Nada me es sobresaliente si no te veo reír. El antojo que siento de ver tu luz se transforma en pesadilla si no brilla, y si vos no brillas yo tampoco. De qué sirve iluminar si no tenes con quien compartir el camino... Soy un ser algo complicado, lo sé, sin embargo soy de los que creen en el amor, construido o a primera vista, me da igual, amor es amor y nadie debe definir lo que es. El amor se siente, no se explica. Hoy podría escribir con mis lágrimas en vez de con mis dedos, y te juro que el texto sería otro. Diria algo asi: Sin vos, ...

Los "te amo" que te debo

Escribiría el manual del buen novio si ya existiera un medicamento contra los celos. Mandaría mi currículum más romántico a mujeres con la talla ochenta y cinco si no pervirtieras mis neuronas en los sueños. Sería fiel incluso si dejara de inventarte. Pero es que tienes tantos rostros que cualquier día te tengo en un abrazo y ni me entero. Y créeme, me va a doler que el amor (ese que dicen que solo ocurre una vez) pase de largo. Como esos trenes que nunca acabaron entre tus piernas. Si te pienso, ahora, todo mi amor cabe en un globo (suspiro en un soplido eterno, ojala el globo no se rompa) De ida y vuelta los viajes por si acaso y las cartas con posdata por supuesto, y tu boca con mi boca y mi lengua, en la parte más privada de tu cuerpo y mi cuerpo con tu cuerpo y tus piernas en la parte más mojada de mi lengua. Haría una hoja con tu espalda si quisieras y tinta de estos dedos que te aclaman, escribiría el poema más intenso desde el comienzo de tu cuello hasta tu culo, cada pliegue u...

Casi filántropo.

Era marzo, había llovido tanto que los charcos pensaban que eran parte del mar. Crecían flores por las grietas de las veredas, por eso no te vi en ese momento, cuando pasaste por mi lado. Crei que te conocia de antes, un año, tal vez dos, a cierta edad el tiempo que transcurre solo se cuenta en chocolates y sonrisas complicadas de traducir. Tocaste mi espalda creo, aunque tal vez fue mi espalda la que acarició tu mano. Vos siempre fuiste la alegría de los perros callejeros, y yo me sentí uno de ellos. Luego sonreíste. Voy a confesar que de no hacerlo ni siquiera hubiera sabido que eras vos. Pero esa sonrisa era mía, la había provocado yo. Incluso en ese tiempo que se la habrás regalado a cualquiera sabía que me pertenecía. Perdon, el tiempo es una percepción humana y yo nunca me sentí muy humano que digamos. Julio, a punto de cumplir años y pedir el deseo de que no te vayas. Y te pegaste a mi espalda para que tu aroma nunca más se vaya de mi. ...

Ocho cielos y ocho infiernos.

Hay veces que quisiera tomarte una fotografía que dure más que la tristeza que siento cuando no estás. Que las lágrimas sea más efímeras que la eternidad de tus besos sobre ellas. Hay veces que los pelos en punta de todo mi cuerpo no alcanzan para expresar la felicidad que tengo cuando mis ojos te encuentran. Me desbragueto el alma cada vez que escucho el derrumbamiento de tus pensamientos impuros sobre tu realidad alternativa. El deshojar de tus pulmones cada vez que decís que no fumas más, y esa pared de humo que largas con el supuesto último pucho. Ya pasaron ocho meses desde que encontré en tus ojos todas las estaciones juntas. Y por estaciones me refiero a dos cosas: Verano, invierno, otoño y primavera. Y un sin fin de lugares a los cuales llegar cuando me subí a esa locomotora que tenés por cabeza, con tantos destinos como paisajes. Hoy más que nunca agradezco que la simpleza y la complejidad se hallan unido en esto que llamamos amor. Una tira t...

Alpha.

La primera vez que dijo mi nombre caí en la realidad de lo mucho que pesaba ser yo, luego dio una profunda pitada a su cigarro como si el mundo entero dependiera de su boca, y yo, que nunca he querido ser nada, ni siquiera héroe y mucho menos villano quise ser de humo. Llevaba un vestido negro y flores en el pelo, o al menos así la imaginaba. Se había colocado una sonrisa bien temprano detrás del témpano de su seriedad primaria, y la mueca de felicidad oculta  se le extendía por el rostro como una enfermedad terminal. Igual que aquel montoncito de pecas por encima de sus pómulos, como si su piel estuviera en constante guerra por cambiar de color. No tenía edad ni venía de ningún lado, sus manos construían amaneceres en la playa en una ciudad donde el mar solo habitaba en las postales de las librerías. Se convirtió en otoño y marchitó todas las flores de su cabello, enlutó el suelo de la habitación con todas  las parejas que alguna vez había te...