Supongo que sabe que su sonrisa adquiere hacerme transigir. Que puedo dejar de mirarle el culo a la moza y a la amiga de esa amiga que nunca tuve. Que consigue que haga el idiota sin ruborizarme, que la complicidad sea tanta que pueda contarle de aquella vez que me caí en un charco, algo sobre la eyaculación precoz con cierta rubia teñida, algún vicio inconfesable, o hablarle del beso que le di al aire pensando que el amor de mi infancia jamás se apartaría. Supongo que sabe que su sonrisa hace girar las agujas del reloj a una velocidad distinta a la que acepta la cordura. Que hace un minuto era de día y ahora tiene una estrella entre los labios que jamás será fugaz. Que ignoro por completo si ha preferido zapatos sin tacos para no despertar al hombre equivocado. Si lleva el pelo arreglado o una selva incontrolable, si es un vestido nuevo, o el mismo que he pensado desabrocharle mil veces. Supongo que sabe que cuando sonríe me duele tanto parpadear como una guerra en Siria. Que el olvid...
Si no escribo me muero.