Ir al contenido principal

Por el miedo de tu nombre.

Los domingos siempre me parecieron
el mejor día para suicidarse,
a veces cuando observo el acantilado de tu foto
pienso en saltar y desvanecer de este mundo.

Mi cobardía me dice al oído que no hay prisa,
que vos estarás allí por los siglos de los siglos
y observaras caer a otros que ni siquiera te vieron.

¿Cómo es posible matarse sin conocerte?

Yo te conozco y me ronda la idea
pero no me atrevo
y termino escribiendo algún poema
que es como matarse un poco.

Y vos  me leerás en ese sofá que se te queda pequeño
inflada por el ego y la soberbia,
pensando que aún te cambio el nombre,
gritándome que no existe ninguna Raquel,
que no tengo huevos de colocar el tuyo,
adivinando de quién me escondo esta vez.
Como si Raquel acabara en tus caderas.

-Tus mujeres empezaran en mis rodillas-
Y lo decías tú, que solo te arrodillabas
cuando no había preservativos.

Hace tiempo que no te dibujo en la punta de mi sexo
para inundarte la cara,
deberías creerme cuando te aseguro
que no ocupas todo mi cerebro,
ocupas todo mi ser completo.

Un día saltaré para chocarme
con las piedras de ese mar
donde tus manos juegan a no envejecer
y tus pies pisaran mi cadáver
y verás como no todo fue mentira.

Pero hoy ni siquiera es domingo Raquel,
ni siquiera lo es.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Personalmente.

Te amo, pero no tiernamente, no como vos crees que lo hago. No, te amo como a todo lo que me hace mal. Como el primer pucho de la mañana, que ahoga mis pulmones de placer y cáncer, como la primera cerveza de la noche, la que empieza a emborracharme, como esa línea de merca que destruye mi nariz mientras la voy disfrutando. Como el porro que me marea y me hace reír hasta descomponerme. Así te amo, como a una adicción, como a lo peor que hay en el mundo. Y perdón por la comparativa, pero para amar como te amo cualquiera prefiero no amarte.

Creación.

Pestañeo y enciendo lucecitas en el aire. Las pongo bajo el microscopio de la vida y veo bellas luciérnagas volando. Retrocedo un paso y veo sus ojos. Doy otro más atrás y está su sonrisa iluminando todo el océano, quitándole el brillo a la luna llena. Si sigo en modo reversa, seguro me encuentro con el Big Bang en la punta su nariz. Le doy un beso y se crea el universo. Al menos el mío, Donde soy feliz.

Molesto.

¿En qué momento les vendí mi plexo o dejé entrever que quería sus lisonjas? No necesito que nadie se meta en mi basura yo puedo ver en los ojos de los otros, los puedo olfatear. Soy como el buitre, nadie puede esconderme su carroña. Me agotan sus abrazos de caros perfumes, me dan gracia esos pelos arreglados, quietitos, a la moda. No me torturen más, yo no soy de su élite, mis paredes se caen a cada rato, no me molestan las paredes despintadas y rotas porque no las veo. Creo que nadie me ha entendido aún, no es cuento lo mío, soy alguien que muchos ni querrían ver, no me creen a su semejanza, no tengo referencias para mostrar. Si acaso aguantaras uno o dos round sin axiomas que te quiten el riesgo a equivocarte, podrías sentir mi olor a nunca. Quizás hasta rozaras esta lujuria anestesiada por el tiempo. Si acaso tuvieras adentro la pureza de escupir con rabia esa hipocresía podrías descubrir que en los subsuelos también nace una flor en un pecado. Pero eso no es posible y te juro que l...

Con los puños cerrados.

Escupo y vomito sobre los recuerdos, los hago trizas, los emancipo. Les doy puntadas con un sable chino, y los cocino en leche tibia. Maldigo la tercera persona del plural, maldigo las personas de tu circulo. Maldigo esa pequeña esperanza, la que aún siento que corta. Mi cabeza vibra, más que la puta teoría de cuerdas. Y no necesito veintiséis universos para demostrarlo, me basta tu sonrisa. Me sigo cayendo en el pozo, me agarro de raíces de odio. Vivo, porque mis voces me lo piden. Porque la gente lo aclama. Respiro algo de polvo, me ensucio la boca con barro, mastico mi ego y me lo trago, sabe a tus partes rosas. Hoy eyacule un "te amo" en el medio de una paja con odio. Sentí el calor de tu saliva. Todavía no me acostumbro a coger sin pensar que te engaño.