Maldito insomnio, podredumbre infectada
de algoritmos sin resolver en mi cabeza.
Duele como en el alma, como si quemara sin quemar,
como si ardiera sin arder,
pero se siente en lo más hondo del ser.
Se destruyen los pensamientos
mientras se van recreando,
porque el aburrimiento nunca termina,
siempre renace del que muere,
son efímeros pero eternos.
Nadie entiende, nadie comprende,
nadie ayuda.
Los consejos vuelan y se estrellan
contra la nada que provoca tu mirada.
Ya no hay nada que ver ni observar.
Todo es un juego que no tiene fin,
ni tampoco reglas a las cuales seguir
como para darle una estructura.
Quema sin quemar, arde sin arder.
Son vestigios de la niñez,
quizá de mucho antes,
quizá desde que éramos polvo de estrellas,
algunos átomos de carbono flotando por ahí,
esquizofrénicos y alterados por alguna frecuencia
que no supimos entender,
que no pudimos analizar.
Duele sin doler, arde sin arder.
de algoritmos sin resolver en mi cabeza.
Duele como en el alma, como si quemara sin quemar,
como si ardiera sin arder,
pero se siente en lo más hondo del ser.
Se destruyen los pensamientos
mientras se van recreando,
porque el aburrimiento nunca termina,
siempre renace del que muere,
son efímeros pero eternos.
Nadie entiende, nadie comprende,
nadie ayuda.
Los consejos vuelan y se estrellan
contra la nada que provoca tu mirada.
Ya no hay nada que ver ni observar.
Todo es un juego que no tiene fin,
ni tampoco reglas a las cuales seguir
como para darle una estructura.
Quema sin quemar, arde sin arder.
Son vestigios de la niñez,
quizá de mucho antes,
quizá desde que éramos polvo de estrellas,
algunos átomos de carbono flotando por ahí,
esquizofrénicos y alterados por alguna frecuencia
que no supimos entender,
que no pudimos analizar.
Duele sin doler, arde sin arder.
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