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Gimiendo un te amo.

Hay quienes dicen que la fidelidad es cosa de pobres
porque no tienen plata para irse de putas.

Pero ellos no la ven ahí recostada
con su piel haciendo juego con las sábanas
medio vestida o medio desnuda,
nunca supe las verdaderas intenciones de su tanga.

Yo tengo la certeza,
de que la diferencia entre hacer el amor y coger
reside en si uno de los dos
pide un remis para irse a su casa
una vez terminado el acto.

Remisero es el oficio que más sabe de desamor
en este asqueroso país.

Por eso cuando ella me pidió que la abrace para dormir,
con los pómulos recién incendiados
de mi última aventura pirotécnica,
yo suspiré de alivio.

Era amor.

Aunque momentos antes nos comíamos como animales
y lo hiciéramos aferrados a las rejas de la ventana,
y mis dedos se clavaran en sus caderas,
y sus dientes en mi lengua,
aunque estuvo a dos suspiros de convertirse en asesina
y yo en el muerto con el paisaje más hermoso.

Era más bonita la muerte allí entre sus piernas
que la vida allá fuera de ellas.

A lo lejos una gata diabólica
maulla mentiras sin pudor
y tendremos que volver al amor para callarla.

Sí, al amor, eso dije,
porque no hay un solo remisero en toda la ciudad
que sepa nada de nuestra dirección.

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