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Paula

Hace unos días se me acercó Paula. Tenía las botas altas de hacer esa música solo comparada a la lluvia sobre los tejados, y esas medias negras de lana de no pasar frío. Paula es peligrosa, las mujeres que saben lo que quieren siempre lo son. Fonollosa en un poema las explicaba así: “Quiero una mujer que cuando me mire vea a un hombre” Paula no sabía nada de hombres, ni de cuántas mentiras piadosas se suelen contar después de los orgasmos. Paula solo sabía que las tetas le habían crecido demasiado pronto y que los hombres todos, ya no la miraban como antes. No sé en qué colegio aprendió a hacerse nudos en el pelo solo con el dedo índice. Mientras te posaba los ojos como quien mira una nube. Ni sé quién le mostró a descruzar las piernas de esa manera tan lejana a la inocencia, ni porque sus tangas nunca eran blancas y su lengua era siempre roja. Se colocó cerca de mi boca, masticaba chicle, todo olía a fresa, el mundo olía a fresa, qué bello sería -pensé-  que Paula lo contaminara t...

Soñando de añorar, no de estar soñando.

Me hago más mayor, no más viejo, también me hago el idiota, aunque lo soy. Lo soy de no saber lo que sabría. Hablo de tu sabor, eso se entiende. Dice la luz que entra por la ventana que ya está aquí el verano y que tus piernas le calientan la cama a otro cualquiera. Que debe tener nombre como es lógico pero lo llamarás corazoncito, o gordo, o morci, o amor. Lo sé porque el amor te pone apodos, así puedo llamarte en otro nombre. Y tengo un niño dentro de mi pecho, que sueña que te vas y luego vuelves, vuelves de volver no de dar vueltas. Y tengo un hombre justo en el espejo, que tiene de tener, no de ahora tengo las ganas de ganar y de perderme, perderme de perder, no de perderte. Supongo que el amor es un empate. La playa es confundible con desiertos sin vos y sin tus bikinis de colores, lo dicen los turistas y tus exnovios. Mi madre no lo dice aunque lo piensa, lo piensa de pensar que estoy pensando. Si pienso, pienso en vos. También se entiende. Lo dije sin querer pero lo dije, —Si c...

Recuerdo haberme perdido

No puedo ubicar el momento exacto en que sucedió. Pero sí el cual hice todo para reencontrarme. Del mismo modo en que uno vuelve a los lugares donde amó. Yo vuelvo, una y otra vez. A veces más veloz, Otras con miedos y resistencias. A las ramas que me supieron acoger. A los pastos que supe pisar. A ese cielo que me supo besar. A ese viento que me curó el exilio. Y me devolvió a las tierras de las que nunca me tuve que haber ido.

Silencio! Acción!

Nueve semanas sin medias, resulta que no hizo tanto frío aquel otoño, ni Marilyn tenía tanga bajo su vestido. Yo siempre me la había imaginado depilada a pesar de la época y el clima. Luego, más tarde, Sharon descruzó las piernas, y yo creí en el cielo así de golpe. Lo peor de todo eran los pochoclos y los niños de la quinta fila. Winona estaba demasiado flaca y Kidman demasiado lejos. Yo me sabía de memoria todos los diálogos de “Moulin Rouge” y quería ser Christian y que vos fueras Satine,  para besarte más allá de la pantalla y ocultos del duque para más pasión, como quien le pone pimienta a todas las comidas, para más pasión. Los de relleno seguían dando patadas, saltos, volteretas imposibles, mostrando aquellos musculosos torsos a falta de talento actoral, o poco estudio o dedicación. Y todo ese circo berreta pasaba mientras vos suspirabas con  los ojos abiertos como soles, y yo y mi tembloroso cuerpo seguíamos temiéndole al otoño y al desnudo. Eras vos mi película favori...

Cerebro triunfante.

Marilyn tenía más glamour sentada en el inodoro meando, que vos con ese vestido prestado. Y, sin embargo, te balanceas por la calle en un columpio imaginario como si todo tu alrededor más cercano se hubiera enamorado de vos al instante. Lo cierto es que sos bellísima, y tenés ese cuerpo con el que sueña cualquier quinceañero con acné. Pero se te olvida siempre que la belleza no es más que azar y si no sabes usarla es ella la que al final termina usándote a vos. Sin cerebro no sos más que carne, el premio efímero de hormonados de gimnasio o la eterna amante de ejecutivos con casas de tres pisos. Te miro entre el deseo y el rechazo, la guerra confusa entre mi erección y el cerebro, un segundo te cruzas por la avenida de mis ojos, para luego levantar la cabeza con esa superioridad que te presta la talla noventa y cinco de un escote de póster de taller mecánico. De espaldas, mientras te vas alejando de mi campo de visión, tu culo aeróbico me hace una entrevista a la que contesto con desgan...

Viajar está sobrevalorado si no es con vos.

Cuando decidí no verte más, por más que te buscara en la multitud no había señal de tu silueta. Entonces me fui a recorrer el mundo, con la idea de que no buscándote tal vez te encontrara. Recuerdo tu mueca cuando te dije que en París también se ponen los cuernos. No es el lugar, es la lealtad que habita en uno. El papel de buena gente no le dura mucho al que lo finge. No sabes cuántas torres Eiffel hice con mis propias manos en la compañía de tu ausencia y mi lujuria. Cuantas noches pasé por el arco del triunfo para decir tu nombre antes del orgasmo, para volver al fracaso después de tenerlo. Ya no rompen las olas contra tus ojos de Diosa. Venecia es cualquier ciudad después de la lluvia. No sabes lo difícil que es hacer un charco con tus propias lágrimas. Dicen que lo peor del naufragio es la distancia que hay desde el accidente a la orilla. Lo que no mencionan es que la orilla, casi siempre es una persona. Que hacer pie no es una cuestión de altura ni de profundidad, si no de compañ...

De manzanilla para mi

Escribir sin saber que vas a leerme es un alivio. Me permite escurrirme entre los adjetivos y los momentos de tensión. En ese ir y venir que sucede cuando el poema va dando vueltas hacia una idea pero sin llegar a ninguna. Como nosotros. ¿A quién le estás contando sobre tu compañera de trabajo que tiene el pelo más duro que una escoba, mientras se te va creando la carcajada? La pandemia no debería entrar en este texto. La quise dejar afuera, pero ella ahora es parte de nosotros. Esa parte que conjugó la distancia. ¿Vos sabés lo difícil que es relacionarse en estos momentos? Que sí, que no. Que le di un like, que no le miré la historia, que no pude reaccionar y se me pasaron las 24 hs. Todo ese mundo que muchos ven cómo una ventaja me está agobiando. Quizás no sea eso, dijo mi analista el miércoles pasado. Quizás sea la falta, respondí yo, y ambos nos quedamos en silencio. Encontrarme con otro cuerpo es bastante fácil, pero encontrarme con el tuyo es muy difícil. La última vez que nos v...