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Beodo.

Cuando acepté que el alcohol no era sinónimo de olvido, empecé a beber sin tener excusas. La gente no me miraba bien. Los mismos con los que compartí algún brindis para maldecir una cintura, o unas caderas, o un buen culo, me dieron la espalda. Los que te han visto siempre triste no aceptan tu felicidad si no se consideran culpables de provocarla. Como si la tristeza al ser mutua en lugar de aumentar, restara. Para sentarse en aquella barra de curdas debías tener al menos dos motivos y uno tenía que ser el nombre de una mujer. Si eran dos los nombres la resaca era espantosa. Decía Emilia, la bartender, “Si un amor se va antes de tiempo el desamor se queda para siempre” También decía, “Hay gente que lleva tanto tiempo sola, que confunde soledad con amor propio” En aquel tiempo yo tenía motivos, y tenía un nombre, y nostalgia, y hasta amigos. Creo que nunca estuve tan solo. De vuelta a casa le preguntaba a las lámparas de la calle por mi hogar, pero aquellas putas luces me llevaban siemp...

Penitente

Ejecutame con tu metralleta de palabras, hace malabares con mi ojos si te observo desnuda al otro lado de mi vida. Haceme lamer el suelo que pisas, arrancame la lengua con los dientes si confundo tu nombre mientras sueño. Tatuá con tus uñas en mi espalda el camino más corto a tu cintura. Impregname el aroma de tu pelo, invítame a vivir bajo tu falda, inunda mi garganta con tu océano. Te arrancaré las medias con la boca, le ladraré a tu pubis que te quiero, saciaré mi fetichismo en tus tacos. Le rezaré a tus muslos de rodillas al ritmo que decidan tus dos manos y que bailen nuestras lenguas sin descanso la interminable canción de los suspiros. Inventate un reloj bajo los párpados indicame la hora de los besos, retrasate en la cita con mi piel. Haceme sufrir tu ausencia en cada poro, hace que te odie más que a los espejos, a que te quiera más que a mí mismo, pero no te vayas nunca de mi vida.

A destiempo

Sos lo mejor que no me ha pasado todavía. Eso pienso cuando te veo caminar en el abismo que hay entre tu próximo paso y mi mirada. Podría decir que te había buscado sin saberlo, pero lo cierto es que te encontré sin buscarte. Que una tarde cualquiera pasaste por mis ojos como si desfilaras en París. Que se me pegó la canción que hacía tu pelo al besarse con una ilusión y todavía la tarareo cada vez que te imagino. Que tu culo es una hamaca de mi infancia y cada vez que se mueve soy feliz. Que tu nuca desnuda es un papel en blanco donde debería empezar a contar mi vida. Que tu boca una playa en mitad de una calle que solo ha olido el mar cuando sonríes. Podría decir que te he perdido sin tenerte, pero lo cierto es que te he tenido sin ganarte. Que sin permiso has invadido la habitación más al fondo de este corazón desubicado y has colocado las piernas encima de mi pecho, como quien busca la comodidad para ver como se humedecen los recuerdos. Que has cabido en un bolsillo, sí, vos, que a...

Dos besos antes de besarnos

Dos besos antes de besarnos ya no es suficiente. Mis manos van al ritmo de la hipertensión, antes de la caricia imperfecta. No sé si la amaba antes de que existiera, o mi existencia ha comenzado desde que no puedo dejar de amarla. "Aunque seas real, sos la mujer más bonita que me he imaginado nunca" No sonríe, llueve luces, es un campo minado de gemínidas. A veces temo enamorarme de mi voz cuando repito su nombre. Y me da miedo que después de ella ya no sepa qué hacer con el silencio No existe el después luego de ella, ella es para siempre. Abre suavemente las piernas como quién tiene las llaves de la puerta de un bar. Es curioso que para conocer la sed verdadera haya que ponerse de rodillas. Sus dedos inventan melodías en mi pelo y gime en verso sobre mi asfixia momentánea. Más profundo que el amor, mucho más lejos, que el coger vulgar que dicen los que cogen, cien esquinas más allá de los placeres, en la calle del deseo, por el atajo que lleva exactamente al paraíso. Allí e...

Abracadabra

Intento observarte desde la frialdad del diálogo, procuro escucharte mientras tus labios se mueven, ignorar que la humedad de tu lengua apagaría la sed de mi boca. A veces fijo la mirada lejos de tu rostro, en un punto perdido; temo que mis ojos te cuenten lo que mi voz no sabría. Luego, casi al azar, hallo tu cintura en mitad de la nada y apuesto media vida al rojo de tus pómulos, al impar de los lunares de tu cuello. Alguien me dijo que la suerte hay que buscarla, pero olvidó mencionar qué hacer cuando la encontrás. Tus palabras siguen danzando por toda la habitación, tropiezan con mi silencio, resbalan con esta torpe manera que tengo de escuchar lo que no oigo. El destino es un crupier al que le tiembla el pulso, e intento adivinar la próxima carta. Supongo que es de corazones, pero desconozco si mayor o menor a la cantidad de suspiros que guardo por si me rozas antes de marcharte. Invierto toda mi fortuna en asentir con la cabeza, coloco una mueca para que en mi sonrisa no intuyas ...

Raigambre

Dormíamos entrelazados y doy fe de que no nos llevaba a ello ni la lujuria ni la novedad. Lo hacíamos más bien por el placer de la correspondencia de los cuerpos aun en medio del sueño. Está visto que ciertas armonías superan las limitaciones que impone la conciencia y estoy próximo a decir que también sobrepasan la materia. El caso es que dormíamos así. Mi brazo alrededor de su cintura; su pierna derecha sobre mi pierna, mi pierna izquierda deslizada bajo el medio cuerpo de ella; el brazo de ella alrededor de mi cuello; mis dedos inconscientemente jugando con su oreja; sus dedos acariciando mi pelo. La costumbre nos empujaba a extrañas complicaciones, porque las caras, por ejemplo, que debían estar muy cerca. Necesitaban también cierto espacio abierto para la respiración y aunque nuestros alientos se mezclaban. También buscaban aire, Empinando la cabeza, deslizándola hacia abajo. Las interferencias del sueño modificaban la postura pero no el empeñoso deseo de íntima comunicación.

Matemáticamente doloroso.

Me dejaste contando contra la pared. Un fracaso, dos fracasos, tres fracasos, cuatro fracasos. Estaba pensando en lo que dijiste sobre el muro sostenido por mi cara. Y sí, es menos pesado que tus mentiras. Y como soy un pelotudo, porque aparte de ser poeta, también soy un pelotudo, y para serte sincero no me falta mucho para usarlo de sinónimo. También pensaba en como volar de la luna de mi noche al sol de tus mañanas. Y hablar de la lluvia, hasta que sea música. Y si no llueve, lloraré como un valiente para mojarte los ojos, porque a veces el mar también cabe en una lágrima. Cinco fracasos, seis fracasos, siete y ocho y nueve. Lámparas violetas y una bañera para cinco por si pinta una orgía entre mis manos y las tuyas. Por si al muelle de tu espalda lo tengo que nadar con mis pupilas. Por si tengo que naufragar en la isla de tu pubis. Te voy a escribir frases de amor en la página sesenta y nueve de todos los libros que empieces y que vas a tener que terminarlos otro día porque viste c...