Intento observarte desde
la frialdad del diálogo,
procuro escucharte mientras
tus labios se mueven,
ignorar que la humedad de tu lengua
apagaría la sed de mi boca.
A veces fijo la mirada lejos de tu rostro,
en un punto perdido;
temo que mis ojos te cuenten
lo que mi voz no sabría.
Luego, casi al azar,
hallo tu cintura en mitad de la nada
y apuesto media vida al rojo de tus pómulos,
al impar de los lunares de tu cuello.
Alguien me dijo que la suerte
hay que buscarla,
pero olvidó mencionar
qué hacer cuando la encontrás.
Tus palabras siguen danzando
por toda la habitación,
tropiezan con mi silencio,
resbalan con esta torpe manera
que tengo de escuchar lo que no oigo.
El destino es un crupier
al que le tiembla el pulso,
e intento adivinar la próxima carta.
Supongo que es de corazones,
pero desconozco si mayor o menor
a la cantidad de suspiros que guardo
por si me rozas antes de marcharte.
Invierto toda mi fortuna
en asentir con la cabeza,
coloco una mueca para que
en mi sonrisa no intuyas
la derrota del siguiente "hasta luego",
y dejo de salir de noche solo cuando
caminas dándole la espalda a mi futuro.
Luego me siento a esperar
la siguiente partida,
sabiendo que no hay trucos
en tu forma de moverte,
ni ocultas ases en la manga
para volver a hacer desaparecer
toda mi tristeza.
Que la magia es que existas.
Que la maga sos vos.

He aquí una explicación etimológica alucinante para una de nuestras palabras mágicas más populares.
Abracadabra / אָבְּרָכָּדַבְּרָה es el resultado final de la combinación de dos frases en arameo (siendo el arameo un lenguaje basado en el hebreo hablado por los judíos hace 2000 años, en el que está escrito el Talmud): “A’bra” y “K’dabra”: “A’bra” significa “voy a crear de la nada” (como en nuestra muy latina creatio ex nihilo), y “K’dabra”, “mientras estoy hablando”, o “al hablar”, como se lee en el blog Jerusalén U. Se trata de una referencia explícita al acto creador de la Palabra de Dios, como se narra en el libro de Génesis … o al menos esa es una etimología popular.
la frialdad del diálogo,
procuro escucharte mientras
tus labios se mueven,
ignorar que la humedad de tu lengua
apagaría la sed de mi boca.
A veces fijo la mirada lejos de tu rostro,
en un punto perdido;
temo que mis ojos te cuenten
lo que mi voz no sabría.
Luego, casi al azar,
hallo tu cintura en mitad de la nada
y apuesto media vida al rojo de tus pómulos,
al impar de los lunares de tu cuello.
Alguien me dijo que la suerte
hay que buscarla,
pero olvidó mencionar
qué hacer cuando la encontrás.
Tus palabras siguen danzando
por toda la habitación,
tropiezan con mi silencio,
resbalan con esta torpe manera
que tengo de escuchar lo que no oigo.
El destino es un crupier
al que le tiembla el pulso,
e intento adivinar la próxima carta.
Supongo que es de corazones,
pero desconozco si mayor o menor
a la cantidad de suspiros que guardo
por si me rozas antes de marcharte.
Invierto toda mi fortuna
en asentir con la cabeza,
coloco una mueca para que
en mi sonrisa no intuyas
la derrota del siguiente "hasta luego",
y dejo de salir de noche solo cuando
caminas dándole la espalda a mi futuro.
Luego me siento a esperar
la siguiente partida,
sabiendo que no hay trucos
en tu forma de moverte,
ni ocultas ases en la manga
para volver a hacer desaparecer
toda mi tristeza.
Que la magia es que existas.
Que la maga sos vos.

Nota al margen:
Abracadabra / אָבְּרָכָּדַבְּרָה es el resultado final de la combinación de dos frases en arameo (siendo el arameo un lenguaje basado en el hebreo hablado por los judíos hace 2000 años, en el que está escrito el Talmud): “A’bra” y “K’dabra”: “A’bra” significa “voy a crear de la nada” (como en nuestra muy latina creatio ex nihilo), y “K’dabra”, “mientras estoy hablando”, o “al hablar”, como se lee en el blog Jerusalén U. Se trata de una referencia explícita al acto creador de la Palabra de Dios, como se narra en el libro de Génesis … o al menos esa es una etimología popular.
Comentarios
Publicar un comentario