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Dos besos antes de besarnos

Dos besos antes de besarnos
ya no es suficiente.

Mis manos van al ritmo de la hipertensión,
antes de la caricia imperfecta.

No sé si la amaba antes de que existiera,
o mi existencia ha comenzado
desde que no puedo dejar de amarla.

"Aunque seas real,
sos la mujer más bonita
que me he imaginado nunca"

No sonríe, llueve luces,
es un campo minado de gemínidas.

A veces temo enamorarme de mi voz
cuando repito su nombre.
Y me da miedo que después de ella
ya no sepa qué hacer con el silencio

No existe el después luego de ella,
ella es para siempre.

Abre suavemente las piernas
como quién tiene las llaves
de la puerta de un bar.

Es curioso que para conocer la sed verdadera
haya que ponerse de rodillas.

Sus dedos inventan melodías en mi pelo
y gime en verso sobre mi asfixia momentánea.

Más profundo que el amor,
mucho más lejos,
que el coger vulgar que dicen los que cogen,
cien esquinas más allá de los placeres,
en la calle del deseo,
por el atajo que lleva exactamente al paraíso.
Allí estamos, justo allí.
Cuando su cuerpo es mi cuerpo
hasta el punto de ignorar
a qué piel pertenecemos cada uno.

Dos besos antes de besarnos,
su boca es lo único importante.

Giramos sobre la euforia,
me roba sin permiso su sabor de mi lengua,
somos orillas que lamemos las olas
de una playa que se crea
entre orgasmo y orgasmo.

Es como un día marcado en rojo en el calendario,
un sábado cualquiera que no termina nunca.
Una orgía de dos cuerpos que se cruzan,
diagonales que se aman de su vientre a mis promesas,
verticales imposibles de su espalda hasta mi hambre,
una línea indivisible de sus pies a mi camino.

Es todo lo que soy
y solo con ella,
ser yo me parece imprescindible.

Dos besos más antes de besarnos,
como practicando lo que ya es perfecto.

Dos besos más para calmarme.
Dos besos más para olvidarla.
Dos besos más para no besarla nunca más.

Y así hasta el infinito más o menos.



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