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A veces no te extraño.

No te tengo a vos pero no importa,  tengo un corazón de porcelana, un latido sútil e indepediente, una voz lejana que hace eco. No te tengo a vos y me la baja, pero tengo en la despensa ron y vodka, tengo en los armarios chocolate, tengo en la repisa diez bukowski y tengo a Manuela cerca, siempre dispuesta y siempre desnuda. No te tengo a vos y sin embargo, tengo la sonrisa permanente, tres versos escritos en la espalda con los lunares haciéndo los acentos, y tengo una erección que no asesino con tu recuerdo ni con la nostalgia. Tengo diez neuronas sin tu nombre y una cicatriz de la que no te haces cargo, una muerte fugaz en la cabeza, un llámame mañana que no puedo, un hasta luego, un nunca, un para siempre. No te tengo a vos con tus caderas columpíandose perversas a tu paso pero tengo un columpio en el jardín de mi recuerdo que ya no echa de menos tu vaivén. Y también me tengo a mí aquí y ahora, y aunque pueda resultar insuficiente es mejor que la suma del contigo.

Mentira.

Ya no te busco en la cola del cine, en las tiendas de ropa, no te encuentro en el humo del café, ni del cigarro. Ya no duermes en las ciudades de mi hombro, ni me hospedo en los hostels de tu columna vertebral. No le hablo a las palomas del parque de lo desnuda que te veo cuando te pones ese vestido negro. Ya no eres dios, ni hay milagros en el cielo de tu boca. Ya no escribo tu nombre en los cristales húmedos del baño, ni Sting canta nuestra canción mientras nos mojamos bajo la ducha. Ya no me quito el disfraz de poeta, para ver cuanto amor te cabe entre las piernas. Ya no te sueño, ni te maldigo. Ya no te odio. Ya no hay sudor bajo las sábanas, ni decoras los armarios de la habitación azul con otros colores imposibles. No hay malabares en tus montañas, ni gimnasia artística bajo tu cintura, no hay restos de mi piel bajo tus uñas ni sabor a vainilla entre mis labios. Ya no eres, ni estás, ni quieres, ni sientes, ni soy, ni te espero, ni te ansío. Ya no te quiero. Pero tu ya sabes como...

Hipocondría.

Siempre la hipocondría es una certeza, a las que los médicos insisten en llevarme la contraria. Ya ni siquiera me acuerdo cuando me dolías tú, cuando aún sin saber el sitio, podía decir tu nombre y resumir así toda mi enfermedad. Ya no debo besos, no pago en lagrimas, no pido treguas. He cambiado el frío por una sombra, que viene por la noche a darme los buenos días, por si no despierto. Le he puesto a mi última tristeza, un nombre ridículo, para avergonzarme de ella, para esconderla en mi garganta, para no tener que llamarla, aunque ella venga de todos modos. Como una ex al que se le olvidó el ego. Como las cinco de la tarde. Como un taxi a la dirección correcta. Esto no viene al caso pero había una vez una chica que le tenía miedo a los abrazos. Decía que en ellos la otra persona se llevaba lo mejor de uno mismo. Y luego me abrazaba. Si te lo quedas tú no me importa. Decía. Luego al tiempo se marchó y a mí me quedó la sensación de que fue ella quien me robó a mí. Sobre la cornisa la ...

Todo lo que callo.

Doblarme como un contorsionista hasta caber en el bolsillo de su abrigo negro. Ese sería mi imposible. Y que me quiera el más difícil todavía. Y eso que yo tengo tantas personalidades que cada vez que me masturbo es una orgía. Sin embargo no hay yo que no te ame hasta querer la muerte por asfixia entre tus brazos. Desde que hiciste aquello parecido a sonreirme y te salieron fuegos artificiales por el cielo de la boca ya no me siento útil si no estoy contigo. Y eso que estar contigo es lo más parecido a estar sin mí. Pero me encanta. Ojalá platónico solo fuera el apellido de un marido cornudo y tu nombre la bandera de mi vida. Ojalá pudiera cicatrizarme en tu espalda y abrirme cada vez que me olvidaras que te doliera, como me duelen a mí las lunas sin los eclipses de tus ojos. Tal vez debería contarte, que lo que tú consigues con un solo dedo es lo que desearía lograr cualquier mujer con un hombre. O recitarle un poema al espectacular desnudo de tus hombros, leerle al mundo los poemas d...

Esperame

Espérame donde los sueños, donde las promesas llevan un vestido tan corto, que si soplas, se cumplen. Donde la tristeza se rompe en la primera sonrisa y la nostalgia es una canción que ya no ponemos a todo volumen. Espérame donde el clima dependa solamente de nosotros. Donde el calendario nos pague cada deuda con un beso y el silencio se rompa primero con tu nombre y luego con el mío. Como si necesitáramos etiquetar el amor para hacerlo nuestro. Espérame en la última esquina de la esperanza, en la calle esa en la que dejamos la vida a medias por si algún día pasábamos por allí recuperarla. Detrás del rincón del miedo, justo donde el pecado es una curva, que lleva a otra, como si los vientos conocieran tu desnudo mejor que mis propias manos. Espérame donde la duda, donde el tal vez y el por si acaso, donde el ojalá se nos ha hecho eterno para que tengamos un secreto que gritar a medias. Espérame si el ego te traiciona, si ahora el espejo es el enemigo, si lloras por las noches, si no ha...

Nunca dejes de escribir.

Si hay algo que me enamoro de vos, fue tu forma de escribir, recuerdo que te lo dije desde un principio. La manera que tenés de transmitir no la vi en nadie, cada vez que leo algo tuyo me vuelvo un infante y me muero de vergüenza al no poder estar a tu altura. En realidad nunca estuve a tu altura, siempre mi mediocridad usó un traje de ego, lo estoy tratando en terapia, cuento. Anoche estaba en casa solo, y obvio que extrañándote con locura. Y decidí formatear mi PC ya que es una forma de tener algo de orden en mi vida, también estoy tratando eso. Te preguntarás porque te cuento estas cosas... Bueno, una porque me encanta contarte cosas, es mi pasión entretenerte, aunque a lo último no lo haya hecho mucho, estaba mal, estuve mal, lo admito. Y con respecto al primer mail que te envié lleno de odio, no tengo excusa, simplemente estaba dolido y quise lastimarte como vos también lo has hecho conmigo, pero no es una competencia. Bueno, volviendo al tema de la pc, como tenía que borrar todo,...

Hoy es 13

Hoy es 13. La fecha que elegimos para saber que nos tenemos el uno al otro. Que decidimos encaminarnos hacia un futuro juntos, como pareja de almas y amantes de fuego. Un día como hoy elegimos estar para el otro en cualquier situación y apoyarnos en todo lo que nos pase, juntos. Esto no es más que un agradecimiento a lo que fuimos, somos y seremos. Porque si de algo estoy seguro, es que jamás en la vida voy a encontrar un ser como vos. Con todo lo que implica ser vos. Tus locuras y tus bondades. Vos me hiciste conocer el verdadero amor, ese de cuentos de hadas, lleno de poesía y caricias y besos interminables, incluso cuando nos dejamos de besar, porque también se besa con la mirada. Esta epístola no se trata sobre pedir perdón por lo que hice, eso ya te lo dije interminables veces, no encuentro otra forma de hacerlo, mas que demostrandote que podes confiar en mi de nuevo. Como yo confío en vos. No existe persona que ame más que a vos en este y otros mundos. Y no creo que sepas cuanto ...