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Esperame

Espérame donde los sueños,
donde las promesas llevan un vestido tan corto,
que si soplas, se cumplen.

Donde la tristeza se rompe en la primera sonrisa
y la nostalgia es una canción
que ya no ponemos a todo volumen.

Espérame donde el clima
dependa solamente de nosotros.

Donde el calendario nos pague cada deuda con un beso
y el silencio se rompa primero con tu nombre
y luego con el mío.

Como si necesitáramos etiquetar el amor
para hacerlo nuestro.

Espérame en la última esquina de la esperanza,
en la calle esa en la que dejamos la vida a medias
por si algún día pasábamos por allí recuperarla.

Detrás del rincón del miedo,
justo donde el pecado es una curva,
que lleva a otra,
como si los vientos conocieran tu desnudo
mejor que mis propias manos.

Espérame donde la duda,
donde el tal vez y el por si acaso,
donde el ojalá se nos ha hecho eterno
para que tengamos un secreto
que gritar a medias.

Espérame si el ego te traiciona,
si ahora el espejo es el enemigo,
si lloras por las noches,
si no hallas la paz que te guardo en mi pecho,
si sufres de insomnio,
o te deprimes.

Si piensas que la vida es una mierda,
si bailas la canción equivocada,
si al rompecabezas aún le falta alguna pieza,
si has confundido sed con borrachera,
abrir las piernas con romanticismo,
vivir con ese acto tan común
de ir sumando años sin sentido.

Y digo espérame absurdamente,
porque si tú decides esquivar el frío
y caminas con el abrazo que me debes
al sitio que te explico en el poema,
a ese lugar que habita en tu memoria,
verás que estoy ahí exactamente,
justo desde el momento en que nos vimos
e hicimos del futuro una trinchera.

Que mi cuerpo tal vez se haya movido,
pero ahí sigue mi alma
y mis palabras,
ahí siguen las promesas
y los sueños.

Ahí sigue mi piel,
sigue mi hambre,
sigue mi corazón,
sigue mi vida.

Y no hacen otra cosa que esperarte.
 


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