Ya no te busco en la cola del cine, en las tiendas de ropa,
no te encuentro en el humo del café,
ni del cigarro.
Ya no duermes en las ciudades de mi hombro,
ni me hospedo en los hostels
de tu columna vertebral.
No le hablo a las palomas del parque
de lo desnuda que te veo
cuando te pones ese vestido negro.
Ya no eres dios,
ni hay milagros en el cielo de tu boca.
Ya no escribo tu nombre
en los cristales húmedos del baño,
ni Sting canta nuestra canción
mientras nos mojamos bajo la ducha.
Ya no me quito el disfraz de poeta,
para ver cuanto amor te cabe entre las piernas.
Ya no te sueño,
ni te maldigo.
Ya no te odio.
Ya no hay sudor bajo las sábanas,
ni decoras los armarios de la habitación azul
con otros colores imposibles.
No hay malabares en tus montañas,
ni gimnasia artística bajo tu cintura,
no hay restos de mi piel bajo tus uñas
ni sabor a vainilla entre mis labios.
Ya no eres,
ni estás,
ni quieres,
ni sientes,
ni soy,
ni te espero,
ni te ansío.
Ya no te quiero.
Pero tu ya sabes como mentimos los poetas.
no te encuentro en el humo del café,
ni del cigarro.
Ya no duermes en las ciudades de mi hombro,
ni me hospedo en los hostels
de tu columna vertebral.
No le hablo a las palomas del parque
de lo desnuda que te veo
cuando te pones ese vestido negro.
Ya no eres dios,
ni hay milagros en el cielo de tu boca.
Ya no escribo tu nombre
en los cristales húmedos del baño,
ni Sting canta nuestra canción
mientras nos mojamos bajo la ducha.
Ya no me quito el disfraz de poeta,
para ver cuanto amor te cabe entre las piernas.
Ya no te sueño,
ni te maldigo.
Ya no te odio.
Ya no hay sudor bajo las sábanas,
ni decoras los armarios de la habitación azul
con otros colores imposibles.
No hay malabares en tus montañas,
ni gimnasia artística bajo tu cintura,
no hay restos de mi piel bajo tus uñas
ni sabor a vainilla entre mis labios.
Ya no eres,
ni estás,
ni quieres,
ni sientes,
ni soy,
ni te espero,
ni te ansío.
Ya no te quiero.
Pero tu ya sabes como mentimos los poetas.
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