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Me juzgaste la tapa.

Podrías pensar que tengo razones suficientes para querer cogerte, que la amabilidad de mis palabras es el disfraz atípico de lo perverso. Imaginar también que este ímpetu en subirte la autoestima, conlleva consigo el deseo de querer bajarte la tanga. Puedes sospechar incluso que contigo mi lengua se está moviendo siempre en el lugar equivocado. Que al fin y al cabo soy un hombre. (Esa maldita etiqueta) Y tú eres tan bonita que todavía no me creo que no haya una ciudad con tu nombre. Que cada vez que descruzas las piernas sube la marea y hay un naufragio del que no quiero salvarme. Y tienes esa pose imperfecta, entre la ingenuidad y el descaro, entre lo cotidiano y lo irreal, que consigue hacer terrible todo aquello que está lejos de ti. Puedes tener el total convencimiento, de que cada adjetivo lleva implícito una miga de pan para no perder el camino hacía tu boca, que cada verbo es una pista de hielo para hacer que resbales lentamente y tu caída y mi mano parezcan una más de nuestras ...

Cuando escribo en voz alta.

Hay quien llama distancia a la falta de deseo, quien usa la palabra platónico para camuflar su cobardía. Hay quien mantiene el silencio por temor a lo que salga de su garganta, como un nombre que ya debería haber olvidado. Están los que se escandalizan con ciertas palabras, concha, pija, coger, semen, como si su existencia estuviera basada en el acto de frotar dos piedras. Están los que piden la verdad a gritos ignorando estúpidamente que jamás podrán soportarla. Los que piensan que al tener esa ingrata habilidad de saber pedir perdón sin despeinarse ya les da todo el derecho de poder hacernos daño. Los que hablan de imposible por que no fueron capaces. Los que llaman soledad a la incapacidad de estar con alguien. Los que dicen te amo mirando a los ojos porque en ellos ven su propio reflejo. Esos seres perfectos que culpan al destino de sus errores y llaman intuición a cada acierto. Esos que piensan que tener orgullo es más importante que tener a alguien. Ustedes que se han quedado con...

Ser feliz.

Tomé su mano y le dije, ser feliz es un intento. No te ofrezco el paraíso, tan solo buenos momentos, compañía en la tormenta, un refugio para el viento, raíces para el futuro, caricias y sentimientos. Un hombro para llorar, abrazos para el lamento, destino para tus ojos, miradas en el silencio. Una canción compartida, entre sonrisas y besos, mis pasos, un horizonte, bellas mañanas y el cielo. Un caminar decidido, un hogar y mi desvelo. Si desplegamos las alas, si comenzamos el vuelo, el destino no está escrito, tal vez sea nuestro tiempo. Tomé su mano y le dije, con profundo sentimiento, la vida es un desafío, y ser feliz un intento.

Entre paréntesis.

Entonces se desnudó y donde ella aseguraba que sobraban kilos yo juré que le faltaban besos. Podríamos haber hablado del frío a tres metros de distancia, ignorar tiritando de deseo cuantos veranos nos caben en los brazos. Coser enero en el marco de la puerta e intentar descifrar en el vaho de los suspiros, si nombrarnos nos sabe como un beso en la boca. No he llegado a saber el verdadero significado de la sed hasta no sentir sus manos acariciarme la nuca. De rodillas el cielo queda a la altura de la lengua. Sus muslos se abren como quien abre un paréntesis, como quien cierra un pasado. Podríamos habernos sentado a hablar de la lluvia, observar con la inocencia perdida nuestro reflejo en los charcos pero decidimos ser los dueños de la próxima tormenta. Desnuda parece una playa donde naufragan las islas. Gime y toda la habitación baila como si tuvieras en la garganta los acordes de mi vida. Como si la música no existiera sin su boca. Traduzco sus suspiros al idioma del deseo y toda mi ex...

Huir.

Debería huir lejos, más lejos, mucho más lejos de lo que mide un recuerdo eterno. A algún pueblo perdido que no sepa lo que se siente al pronunciar tu nombre. A un lugar sin paisaje, ni veranos, ni chicas lindas que te observan con la crueldad de quien añora algo. A un mundo donde nadie se pregunte, que fue de aquella diosa casi perfecta que paseaba conmigo de la mano. Debería correr hasta que el sur no sea más que norte y anochezca antes en tu cintura que en mis ojos y la poesía olvide por completo los versos que le debo aún a tu boca. Amanecer desnudo en cualquier cama que nunca haya gozado tu aroma, abrirle las cortinas a mi vida y que un paisaje con tu dulce ausencia me garche en mi postura mas sumisa. Debería de marcharme de mi mismo, de ti, de mi familia, de mis "amigos", de tu cabello al viento siempre suelto, de tu no sé, de mí ojalá, de tú otro día. De la canción aquella del suspiro, de tú quiéreme algo más o no lo siento, de mí no saber odiar lo que te quise. Deberí...

Cartografía.

Por eso es mi mundo,  porque siempre que yo la amo mucho, se vuelve geografía. Y obviamente no puedo decirle lo que me gustan sus tetas, así tan bruscamente, porque si se lo hago a ella, a mi mundo, se le tuerce el labio de abajo como si sólo supiera respirar hacia dentro y yo tengo que besarla por miedo a que se ahogue. Entonces le cuento lo que me gustan esas dos montañas que le crecen alrededor del corazón y que justo debajo del ombligo tiene una ciudad que se llama lujuria. Y es cuando el labio de arriba es el que se abre y el de debajo lo acompaña como si bailaran un tango con esa lentitud tan bella que parecen escapar de su garganta doscientas cincuenta y siete mariposas de todos los colores, y yo me poso en su boca y me las trago todas, hasta que en mi vientre el amor me vomita por dentro. No saben lo bello que París le habita por los piernas, y yo ceno allí tan relajado mojándome la barbilla, y lo hermoso que es poder lamerle la puntita a la torre Eiffel y hablar francés si...

Rock de los gemidos.

Le levanto la pollera. A veces la música me calienta. El rock de los gemidos es mi preferida, ah..ah...ahah...ahahaha.. La mujer que no te engaña en la intensidad de sus gemidos jamás lo hará en la profundidad de sus palabras. Luego cuando de su boca estallan mil libélulas, y ella se dobla como una gimnasta china, yo me chupo los dedos y bajo lentamente con mi lengua a buscar los peces de colores que le habitan bajo el ombligo. Es oceánica, lo prometo, tiene dos delfines voladores en los pechos Flip y Flop se llaman, Flip es más cálido, más grande, más mío. Flop es celoso por eso ahora lo lamo hasta que brilla, luego ella, la sirena de los desiertos de mi alma me agarra la cabeza y otra vez me invita a ver el mar pero a la inversa, de dentro hacia fuera. —Cogeme como si no me quisieras —Me implora. Yo me saco el traje de poeta y veo cuanto amor le cabe en la boca. De una acrobacia se me sube encima, me lame, me muerde, me traga, dibuja un mapa con sus uñas rosas donde todas las direcci...