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Cuando escribo en voz alta.

Hay quien llama distancia a la falta de deseo,
quien usa la palabra platónico para camuflar su cobardía.

Hay quien mantiene el silencio
por temor a lo que salga de su garganta,
como un nombre que ya debería haber olvidado.

Están los que se escandalizan con ciertas palabras,
concha, pija, coger, semen,
como si su existencia estuviera basada
en el acto de frotar dos piedras.

Están los que piden la verdad a gritos
ignorando estúpidamente
que jamás podrán soportarla.

Los que piensan que al tener esa ingrata habilidad
de saber pedir perdón sin despeinarse
ya les da todo el derecho de poder hacernos daño.

Los que hablan de imposible por que no fueron capaces.
Los que llaman soledad a la incapacidad de estar con alguien.
Los que dicen te amo mirando a los ojos
porque en ellos ven su propio reflejo.

Esos seres perfectos que culpan al destino de sus errores
y llaman intuición a cada acierto.
Esos que piensan que tener orgullo
es más importante que tener a alguien.

Ustedes que se han quedado con la duda eterna
por temor a la respuesta,
que confunden esperanza con optimismo,
que al dormir solos lo apodan nostalgia.

Ustedes que miden el ego en centímetros,
al amor en tiempo en vez de en suspiros,
el tiempo en minutos y jamás en pulsaciones.

Que lanzan una promesa como un globo
olvidando que pesa como una roca,
que al tamaño de unas tetas prominentes
lo llaman amor a primera vista.

Todos esos que se la dan de cuerdos
cuando la peor locura
es parecer demasiado sensato,
los que llaman inteligencia al simple hecho
de citar a algún escritor que de saber de sus intenciones
borraría todo lo que ha escrito.

Ustedes que me dan tanta pena,
que solo puedo reírme
mientras llega algún motivo
para llorar de verdad.

Como tu nombre.



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