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Entre paréntesis.

Entonces se desnudó
y donde ella aseguraba que sobraban kilos
yo juré que le faltaban besos.

Podríamos haber hablado del frío
a tres metros de distancia,
ignorar tiritando de deseo
cuantos veranos nos caben en los brazos.

Coser enero en el marco de la puerta
e intentar descifrar en el vaho de los suspiros,
si nombrarnos nos sabe
como un beso en la boca.

No he llegado a saber el verdadero significado de la sed
hasta no sentir sus manos acariciarme la nuca.
De rodillas el cielo queda a la altura de la lengua.

Sus muslos se abren
como quien abre un paréntesis,
como quien cierra un pasado.

Podríamos habernos sentado a hablar de la lluvia,
observar con la inocencia perdida
nuestro reflejo en los charcos
pero decidimos ser los dueños
de la próxima tormenta.

Desnuda parece una playa
donde naufragan las islas.

Gime y toda la habitación baila
como si tuvieras en la garganta
los acordes de mi vida.

Como si la música no existiera sin su boca.
Traduzco sus suspiros al idioma del deseo
y toda mi existencia se resume a sus labios.

Cogerla es estar dentro del poema.

Nos leemos despacio,
tiene adjetivos en las caderas
que aún ni conocía.

Voy a llenarle la vida de palabras esdrújulas,
los sueños de verbos en futuro perfecto,
las manos de puntos suspensivos,
los ojos de signos de exclamación.

Y voy a cerrar el paréntesis después de su nombre.
Como quien cierra una estrofa.

Para quedarnos dentro.

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