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A los poetas muertos.

Cuentan que estabas tan hermosa, que absolutamente todos creyeron de nuevo en el matrimonio. He repasado nuestras fotos, mi vida lejos de tu piel es como si alguien de repente pusiera de fondo mi voz grabada. No me reconozco sin ti. Imagino a tu madre sonriendo a las mesas, a tu prima metiendo los dedos en la tarta, a tu padre misógino buscando un baile con la chica con el vestido más corto. Intuyo que no tiraste el ramo, que la liga te la dejaste arrancar de madrugada, que has elegido Venecia para que se hunda el pasado, mientras un gondolero fornido, te desnuda sin piedad en un rincón de sus sueños. Yo, ya un cualquiera, te acepto a ti como mi mayor fracaso, echarte profundamente de menos en lo próspero y en lo adverso, en la pobreza y en la miseria, en el dolor de tu ausencia y en esta enfermedad de mi nostalgia, todos los días de mi muerte, hasta que la vida nos separe. No te recuerdo de blanco, ni siquiera en lo más intimo de tu piel, tampoco memorizo que alguna vez me dijeras qu...

Luna menguante.

Me cuelgo de la punta de la Luna menguante y espío si en tus sueños aún estoy. Si respiras adecuadamente con suspiros como lo hago yo al pensar en ti. Si tienes los pies tapados y la boca descubierta. Si en la mesa de luz el pastillero está vacío y tu cabeza llena de estrellas. Si la distancia medida en besos es más corta que en cuadras. Si mis abrazos te llegan y te calman el alma. Si la panza te duele y yo poder curarla. Si las lágrimas secas tienen mi nombre petrificado en tus mejillas. Me cuelgo de la punta de la Luna menguante. Esa que empieza en tu sonrisa y termina en la mía. Solo han pasado horas sin tu perfume. Y aun asi mi nariz quiere abrazar tu aroma. Me cuelgo, y me cuelgo, y me sigo colgando, hasta que me caiga. Ojalá la humedad de tu boca  me atrape para siempre.

Pequeños pecados.

Tira de mi clavel, arruga mi ropa, todas tus puertas están abiertas. Corta mis pensamientos, romperlos como cocos, todos mis huevos están rotos. Destruye mi harén, puerta de mis sombras. Ay, mi camino está hablando. Seda mi jardín, sube a mis días, ahora mis oraciones despiertan. Ponle huesos a mi sombra, paloma de mi sueños. Empieza a sangrar mi halo. Ordeña mi mente y hazme crema, bébeme cuando estés lista. Salta de mi corazón, trepa mi altura, los serafines me mantienen firme. Caderea mi angel, bombea mi luz, ponme en tus necesidades. Cura la gota de lluvia que sembraste en mi ojo, revienta mi polvo otra vez. Ay, del gusano que trabaja con el sabio. Cava mi paladar igual que la sal gruesa. Detener el engaño. ¿Cuál es el maleficio, donde está la estela? ¿Cómo están las cachas? Toma mi rayo dorado. Roba mi castillo, lame mis rocas Salta sobre mi obelisco en la escuela. Atormenta mis carencias, alza mi aspecto salta a mi agujero negro...

Complicidad.

Supongo que sabe que su sonrisa adquiere hacerme transigir. Que puedo dejar de mirarle el culo a la moza y a la amiga de esa amiga que nunca tuve. Que consigue que haga el idiota sin ruborizarme, que la complicidad sea tanta que pueda contarle de aquella vez que me caí en un charco, algo sobre la eyaculación precoz con cierta rubia teñida, algún vicio inconfesable, o hablarle del beso que le di al aire pensando que el amor de mi infancia jamás se apartaría. Supongo que sabe que su sonrisa hace girar las agujas del reloj a una velocidad distinta a la que acepta la cordura. Que hace un minuto era de día y ahora tiene una estrella entre los labios que jamás será fugaz. Que ignoro por completo si ha preferido zapatos sin tacos para no despertar al hombre equivocado. Si lleva el pelo arreglado o una selva incontrolable, si es un vestido nuevo, o el mismo que he pensado desabrocharle mil veces. Supongo que sabe que cuando sonríe me duele tanto parpadear como una guerra en Siria. Que el olvid...

No vuelo, planeo.

La máscara social que nos corrompe se siente afligida por los callos de los alguaciles que el viento les provoca. Chocan contra los parabrisas de las miradas de las personas que odian que puedan volar. La perspectiva cambia constante en el flujo de lo que llamamos tiempo, como si fuera todo lineal, o al menos eso creía hasta un infortunio evento desarrollado en la dureza del agua, esa fina capa que parece impenetrable por las mentes livianas. Si te paras en el agua todos afirmarían que sos algún tipo de profeta o un mesías, sin embargo la única profecía que se cumple es la del mediocre. Si yo fuera un alguacil, no volaría. Estaría preso del viento, a su merced, flotaría hacia donde me lleve. Ni siquiera haría el mínimo esfuerzo de agitar mis alas. No tendría sentido, el viento es más fuerte y los callos más duros. Pero no me hundo, porque los alguaciles como yo nos paramos en el agua y la pequeña ola que nos quiere aplastar, la usamos como si fuésemos patinadores sobre hielo. ...

El último suspiro.

Te observo y lo único que veo es una gran O dibujada en mis labios. Aun sigo incrédulo de tu existencia en mi vida. No quiero salir de este círculo que me crean tus abrazos. Hoy sentí tu tristeza y de un tirón casi se me acaba el mundo. He descubierto que la poesía es como tu, que en cuando te comienzo, no puedo parar hasta devorarte. Estoy condenado a tu romanticismo pornográfico, a tu lujuria diaria y a tu devoción taciturna. Es que vos sos sos como esa lengua filosa que relame mi alma y en otros sitios de pecado. Para navegar en bucle dentro de mis venas. Y entonces siento envidia. Envidia de los que te han suspirado alguna vez y tu les hayas devuelto el suspiro. Todo lo que deseo es que este sea tu último suspiro, y el mio también.

Gimiendo un te amo.

Hay quienes dicen que la fidelidad es cosa de pobres porque no tienen plata para irse de putas. Pero ellos no la ven ahí recostada con su piel haciendo juego con las sábanas medio vestida o medio desnuda, nunca supe las verdaderas intenciones de su tanga. Yo tengo la certeza, de que la diferencia entre hacer el amor y coger reside en si uno de los dos pide un remis para irse a su casa una vez terminado el acto. Remisero es el oficio que más sabe de desamor en este asqueroso país. Por eso cuando ella me pidió que la abrace para dormir, con los pómulos recién incendiados de mi última aventura pirotécnica, yo suspiré de alivio. Era amor. Aunque momentos antes nos comíamos como animales y lo hiciéramos aferrados a las rejas de la ventana, y mis dedos se clavaran en sus caderas, y sus dientes en mi lengua, aunque estuvo a dos suspiros de convertirse en asesina y yo en el muerto con el paisaje más hermoso. Era más bonita la muerte allí entre sus piernas que la...