Hay quienes dicen que la fidelidad es cosa de pobres porque no tienen plata para irse de putas. Pero ellos no la ven ahí recostada con su piel haciendo juego con las sábanas medio vestida o medio desnuda, nunca supe las verdaderas intenciones de su tanga. Yo tengo la certeza, de que la diferencia entre hacer el amor y coger reside en si uno de los dos pide un remis para irse a su casa una vez terminado el acto. Remisero es el oficio que más sabe de desamor en este asqueroso país. Por eso cuando ella me pidió que la abrace para dormir, con los pómulos recién incendiados de mi última aventura pirotécnica, yo suspiré de alivio. Era amor. Aunque momentos antes nos comíamos como animales y lo hiciéramos aferrados a las rejas de la ventana, y mis dedos se clavaran en sus caderas, y sus dientes en mi lengua, aunque estuvo a dos suspiros de convertirse en asesina y yo en el muerto con el paisaje más hermoso. Era más bonita la muerte allí entre sus piernas que la...
Si no escribo me muero.