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Ayuda.

Duele, no saben lo que duele.
Arde, raspa, resuena y retumba.
Cada vez que lo pienso muero
un poco más por dentro.

Duele más que la traición
de un amigo, o de la amistad
propiamente dicha.

La casa huele a hierro oxidado,
y eso que siempre está
llena de Lisoform
por todos lados.

Igual sigue doliendo.
Dolió el testimonio mentiroso
para salvar tu pellejo
y dejar el mio asándose lentamente.

Dolió hacerse cargo de tus
desgracias y vicios porque
yo no soy ningún buzón abierto.

Duele no verla a ella mas seguido,
a cortar parte de su felicidad,
a atarle un par de plumas para que no despegue,
siendo que es tan hermoso verla volar.

Quema, este colchón que no
es sommier, que saca ampollas
incurables en mi espalda,
que no cabemos los dos
aunque seamos fusión cuando nos unimos.

Las puertas están lejos, a kilómetros
de mi temblorosa mano.
No me animo ni a escuchar si
alguien golpea.

Me hice sordo de visitas.
Me aisle de los suspiros
ajenos y sus juicios
de colores opacos.

Me retuerzo, me irrito
y me corto las venas con
emociones que están ciegas
al abrazo liviano de sus miradas.

Ayuda, por favor, ayuda.


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