Duele, no saben lo que duele. Arde, raspa, resuena y retumba. Cada vez que lo pienso muero un poco más por dentro. Duele más que la traición de un amigo, o de la amistad propiamente dicha. La casa huele a hierro oxidado, y eso que siempre está llena de Lisoform por todos lados. Igual sigue doliendo. Dolió el testimonio mentiroso para salvar tu pellejo y dejar el mio asándose lentamente. Dolió hacerse cargo de tus desgracias y vicios porque yo no soy ningún buzón abierto. Duele no verla a ella mas seguido, a cortar parte de su felicidad, a atarle un par de plumas para que no despegue, siendo que es tan hermoso verla volar. Quema, este colchón que no es sommier, que saca ampollas incurables en mi espalda, que no cabemos los dos aunque seamos fusión cuando nos unimos. Las puertas están lejos, a kilómetros de mi temblorosa mano. No me animo ni a escuchar si alguien golpea. Me hice sordo de visitas. Me aisle de los suspiros ajenos y sus juicios de c...