Les podría contar como se pone el sol
justo detrás de su nuca,
como se le enrojecen los pómulos
si los besos son con amor.
Les podría relatar como se le abren los ojos
cada vez que se enloquece,
o como se le cierran los puños
cuando quiere para siempre.
Podría describir sin reparo
su gemido cuando llueve,
o el lugar exacto donde cosquillas
se parece a ser feliz.
Confesar que entre sus piernas
hay más amor que en mil bodas,
resumir con su presencia
la belleza de este mundo.
Advertirles que su lengua
es una gata asustada,
que su escote un laberinto,
que su sexo vacaciones,
que su abrazo libertad.
Comentar cuando anda
en medias yendo al baño
con su remera (que es mía)
con su tanga de encaje,
con el cielo de la boca
perfumando de café.
Los sueños que ya no los duermo
porque los vivo despierto,
soy tan feliz que podría
prometerle amor eterno
y eternizarla después.
Podría también convencerlos
de que su culo es poesía,
de que no hay verso que pueda
compararse a su cintura,
ni folio en blanco que corte
más que el frío de su ausencia,
ni libro que muestre tanto
como su espalda desnuda.
Podría describir su belleza
de un modo tan exacto,
que hasta el último de ustedes
en un ataque de amor
también tendría que amarla
y de un modo tan intenso,
que antes de este poema
dudarían si habrían amado
como ahora la amo yo.
Podría pero no puedo,
porque la tengo tan cerca
que tengo atadas las manos
al futuro de sus pechos
y tengo anclada la boca
al presente de sus labios.
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