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Para no echarte de menos.

Átame al respaldar de tu cama,
enséñame algo que duela más que el olvido.
Ponete los zapatos de cuando salíamos,
cualquier día de la semana
y dejame escucharte cuando te vas.
No vengas hasta mañana y que tu ausencia
sea la falta de mi mismo.

Hazme promesas,
dime que me amas,
hablame de pasar la vida juntos.
Contame como nunca fuiste
a Disney, y es por eso
que no te sentís princesa.
Reprochame que no mate
dragones en tu nombre.

Recordame otra vez
lo del reloj biológico,
ese tic tac que retumba en tu cabeza
y que tu vientre alguna vez
deseó uno como yo.

Haz un camino de lunares
de tu cuello a la espalda.
Un laberinto de perfumes
desde tu boca hasta tu sexo
y dejame perderme dentro.

Hazme ladrar,
con las polleras levantadas hasta el cielo
con la tanga tan abajo que acaricia el infierno,
ensuciate los dedos de orgasmos
y hazmelos lamer,
como si mi deseo por ti
ya no entendiera anatomía.
Como si mi lengua ya no tuviera lugar favorito para chuparte
o tú no conocieras la palabra "límite".

Secuestra mis textos,
pide un rescate imposible,
mata a mis musas,
a todas.
Que mi voz no sepa decir tu nombre
si no te amo.

Empapa mi camisa con tu perfume,
átame tus labios a la boca,
tus manos a mi espalda,
tu sonrisa,
que vuele por el aire
y se quede suspendida por mis ojos.

Retuerce mis tetillas,
que el dolor confunda su destino
y ya no sepa si doler
cuando te vas o a tu regreso.

No perdones nunca mis errores,
no me agarres nunca de la mano,
robame el espacio,
las horas,
clava tus tacos en mi pecho
y que a cada paso que te alejes
sea otra herida.

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