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Nabokov murió, sino te hacia una saga.

La primera vez que la vi jugaba con la mirada enfocada a mí, mientras dos hombres que le doblaban la edad desvirgaban mentalmente su inocencia. Y lo sabías  y en tu sonrisa se veía porno de dibujos animados. Y es que eres ese tipo de chica que aparece en las noticias de la tarde secuestrada, violada y lanzada a un descampado cualquiera donde las moscas se anotan luego a la fiesta de la carne. Pero a ella, a ella no la toca ni el aire. Ayer te vi de nuevo, sin ti nunca ha sido verano, aunque el calor derritiera los abanicos de las ancianas de la calle donde vivo. El verano solo empieza si me miras. Una mujer con todas las letras, pero mantienes esa mueca de niña traviesa que mutila a las barbies y se ríe, Aunque las matemáticas me aseguran que hace tiempo que desvestirte en mi cerebro ya no puede considerarse un delito. Y es que no sabes la multitud de hijos nuestros que han sido remolino antes de piel dejándose engullir por el desagüe. Ayer te vi, si, deambular descalza por lo plat...

No escribo todo lo que siento ni siento todo lo que escribo, pero me siento cuando escribo.

Lo que realmente mantiene vivo al amor es el miedo, el miedo a perderlo, cuando ya no hay miedo, tampoco queda amor. Sobrevive el cariño claro, ese animal de orejas enormes que se revuelca por el suelo y ladra cuando quiere un hueso. Y es que estar enamorado es la única enfermedad que se cura con el contacto físico. La primera vez que dices te amo, te condenas sin saberlo a reiterarte el resto de tu vida, hasta que las propias palabras pierden su verdadero significado aunque que le cambies el idioma. Es triste pensar que los bares de putas se llenan de hombres que han dicho te amo esa misma mañana. La fidelidad es como lanzar una piedra al mar y esperar sentado a que flote. El océano está repleto de barcos hundidos que pensaron que podían navegar felizmente y chocaron con esa roca que todos lanzamos alguna vez jurando en la existencia del para siempre. Pero cuando se acaba el siempre, comienza el nunca. No somos más que el estribillo de una canción de verano que recordamos entre la nos...

Los deseos no se conjugan conmigo.

Le he robado otro año a la muerte,  no he soplado las velas,  todo el aire que me debo es un suspiro. Hay un sobre azul en la mesita de luz lleva tu nombre impreso en el remitente, no tiene dirección, ni me hace falta, quizás vas a pensar que lo exagero pero te encuentro siempre en la nostalgia. Ayer llevabas pollera por ejemplo, las piernas un refugio, el corazón estrecho. Una vez me dijiste cogeme así muy bruscamente, como quien pide lluvia en el desierto y yo te hice el amor como un idiota, a veces se me olvida no quererte. Luego te lleve a tu casa y tu te fuiste más lejos. La chica de la tienda de la esquina, me dio 29 años, hoy es mi cumpleaños he confesado, ella con el escote en la mirada me ha invitado un helado de vainilla yo que me conformé con su sonrisa. Y que a la vainilla la de comer cuando te conocí a vos. Quién quiere vainilla habiendo tantos sabores. Quisiera hablarle al yo de mi infancia, decirle que el amor no es para tanto, que va de los besos a las manos de...

Aunque sea tarde.

Si vas a volver tarde deberías traer al menos tu mejor sonrisa, esa que pones después del orgasmo, o la que usaste para enamorarme, cuando dejé pasar tus chocolates, tu crema protectora, tu champú y tu culo, por delante de mi sed y de mi hambre, en la cola de aquel local cuyo nombre me recuerda que aún existes. Deberías tal vez de volver tarde dejarte el pelo suelto y en el cuello, ignorar cualquier perfume que me prive de poder oler tu piel como es debido. No traer en tu dedo algún anillo que delate que tu amor llego a otro puerto, ni tampoco ropa cara, tu ya sabes, que se arranca antes la ropa que el suspiro. Y quizás solo quizás también debieras, no venir con palabras diferentes, que tu acento no parezca que te fuiste, que tu lengua no me hable con los ojos, que no sepan a promesas los me quedo, ni a distancia los me voy a despejarme. Que tu voz sea la misma que otras veces me robó toda la mía y el aliento. Deberías olvidarte las disculpas, los no sé, los tal vez, los por si acaso, ...

Lo importante, por no decir lo urgente.

Lo importante es ser injusto con el mundo, esa amnesia que sucede con los besos, que te olvides de la guerra en Palestina, de las bombas en Irak, de la pobreza, lo importante es que no exista el noticiero, que su boca te parezca el fin del mundo...

No "sabo"

No sé cuántas estrellas fugaces son necesarias para cumplir un deseo, ni cuánto amor es capaz de soportar un gato. Desconozco a qué velocidad debe viajar el viento para que tu falda se convierta en bandera de mi vida, o a qué ritmo crece el pasto del jardín de tu casa. Sé en cambio que cuando te ríes daría más de lo que tengo por ser el culpable, o que el lunar de tu cuello parece una isla donde náufrago a conciencia. Sé que hay mas de mil suspiros desde mi hogar a tu timbre. Ignoro cuántas lágrimas son necesarias para llenar un vaso de agua, con cuántos besos sinceros se contenta una madre, desconozco a qué hora un poema puede recitarse en voz alta, o qué mentira usar si tu nombre se me escapa mientras duermo. Sin embargo sé que tu vientre  se parece al paraíso, que no pospones la alarma, que nunca sueñas con hombres, que tienes cuando caminas el ritmo tan aprendido que he inventado canciones desde tus pies a tu nuca. Y a veces las tarareo hasta que puedo olvidarte. No tengo ni id...

No soy el mismo.

No soy el mismo que se marchó una vez. Ahora juego al doble o nada, al rojo o negro, al cara o cruz. Ahora no se perder ni acepto un empate. He escupido una balanza y he colocado la justicia de mi parte. No ignoro el pasado pero vivo el presente. No hablo de futuro si no es en plural. Y he cometido tantos errores que río del destino y de las casualidades. Río en serio, deberías oírme, es como si en una guerra todos a la vez se quedarán sin balas. Como una tregua a la fuerza, como una paz infinita. Ya no esta la que no hallaba el ritmo en mi boca por miedo a que la vean bailar. Ahora la música solo empieza si se acerca. El baile si se queda. La fiesta si me garcha. No es aquella que resbalaba por mi piel, que dejaba su perfume en mis brazos pero se llevaba su cuerpo. Que alquilaba veranos en el ático de sus promesas, para ver de lejos como era incapaz de cumplirlas. Ella es otra, ahora se me clava en la costillas, no necesita perfumes, ni más veranos que el nuestro, ni más promesas que ...