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¿Olvidarla?

Es tan bonita que no le silban por la calle, la tararean. Deberías verla, la poesía no alcanza su belleza. Da igual lo que escriba, no la abarca, no rozo ni siquiera su silueta. Es como pretender hablar del sol, poniendo como ejemplo una lámpara. Como en un triste charco de domingo querer reproducir toda la lluvia. Deberías verla, caminar como si en su reloj siempre fueran menos cinco y cada paso adelante conllevara un atajo. Como si el equilibrio estuviera enamorado de la suela de sus zapatos y dejara tras su ausencia borrachos de nostalgia y abandono. Sus manos son pequeñas, sin embargo le cabe en una palma mi existencia, sus dedos son diez náufragos heridos, la isla es una curva de mi espalda. Su pelo es casi rubio (y digo casi) nunca el brillo me opaco tanto, su boca es casi dulce (y digo casi) nunca un adiós me supo tan amargo. Deberías verla, sonreír como quien deja de propina un billete grande, conseguir con la amplitud de su presencia que también la próxima estrella que muera l...

Caprichos.

Un nuevo ciclo de nuevas emociones, de caminar por la vereda de tus pestañas, de susurrar sobre las comisura de tus labios. De distanciamientos de carreteras carbonizadas por el sol del medio día, calientes como yo. Con la locura como estandarte de mi ser, y la belleza de tus vestidos de verano. ¿Como no arrojarme al volcán de arena en el cual me hundo si no me das la mano? Si para alcanzarla tengo que aprender a vivir sin caprichos y sin cumplirte los tuyos.

Preguntas y respuestas al borde del delirio místico.

¿Su risa? Su risa es una cascada de amapolas con aroma al mejor plato gourmet del mundo. Así es su risa, incontrolable, rebelde, eólica e infinita. Hay veces que hasta parece que la podés palpar. Provoca tsunamis en las costas de todas las islas del universo. ¿Su mirada? Su mirada es un volcán de belleza. Derrite cualquier iceberg. El Titanic se hubiese salvado si ella iba a bordo. Creo que tendría que mirar con más cuidado, a ver si todavía provoca un deshielo y el nivel del mar nos ahoga a todos. ¿Ella? Jamás podría definirla, eso sería limitarla y ella no tiene límites.

Li ber tad.

Ella no está loca, ella está libre. Libre de lo que a vos te da miedo, de lo que te perturba en tu día y en un tu noche. Ella no tiene caretas. Ella tiene una cara y es tan dura y firme como tu hipocresía, como tu temblequeo. Sus valores no tienen divisa, son como el viento que sopla la hoja de otoño, crocante y sin ataduras. Sus vestigios se transformaron en caricias. La veo y me palpita el alma, me tiembla la sangre, se me caen las convicciones. De repente el mundo es a colores. Se ríe y todo está bien en la tierra, todo tiene olor a recuerdos vistos desde un futuro cercano. Me gusta cuando me abraza con sus ojos. Ella se ve frágil, no se comprende, no se ve como yo la veo, como un ser extraordinario que todo lo puede. Un tsunami de amor que todo lo abarca.

Muchísimo.

Yo me amo. Muchísimo. Pero tengo tanto amor, que tengo muchas ganas de regalarte un poco. De amarte. De compartirlo como un cacho de pan. Aunque seas celiaca. Aunque después te duela la panza de tanto amor. Aunque tenga que abrazarte hasta que estés curada. Y seguir abrazándote por las dudas. Y hacerte el desayuno. Y la cena. Y ser mis besos tu postre. Recorrer tus perfectas vergüenzas con el filo de mis pupilas y gritarle a dios que el cielo está en la tierra. Que el paraíso está en tu cintura y que si miras fijo, se ven atardeceres floreciendo de tu cuello. Que en tu lengua fueron creados los océanos y que tus ojos son dos abismos al deseo. Pero cuando reís, cuando reís, la primavera llora de odio, porque sabe que ya no es lo que más se espera.

Sincericidio.

Me gusta amar con todas las fuerzas, con la locura que aún no está definida. Me gusta besar quemando bocas, dejando el ardor en la comisura. Abrazar como abraza el mar a las piedras de la costa, sin piedad ni miedo a que se rompan. Hablar al oído como si gritaran mil almas en el infierno, en un coro inundado de azufre y fuego. Soy intenso, escurridizo, pícaro y atorrante, todo lo incorrecto me define, todo lo correcto me da náuseas. Sí, estoy loco, y que? Vos estás sano y mira lo triste que te ves. Yo me llevo por delante el desagrado de la gente, los empujo con mis anchos hombros hacia el vacío de su integridad. Tu gourmet no le hace ni sombra a mi comida con provenzal. La saboreo tanto que me hace caer la lengua. Todo me huele a cigarrillos, excepto tu sonrisa que huele a pasto fresco, lleno de rocío brillante por el sol. No me tropiezo con la piedra, la pateo lejos y con fuerza, y si vuelve le pego un cabezazo de esos que no empardan. Y me quedo con los brazos abiertos disfrutando...