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Sincericidio.

Me gusta amar con todas las fuerzas,
con la locura que aún no está definida.
Me gusta besar quemando bocas,
dejando el ardor en la comisura.
Abrazar como abraza el mar a las piedras de la costa,
sin piedad ni miedo a que se rompan.

Hablar al oído como si gritaran mil almas en el infierno,
en un coro inundado de azufre y fuego.
Soy intenso, escurridizo, pícaro y atorrante,
todo lo incorrecto me define,
todo lo correcto me da náuseas.

Sí, estoy loco, y que?

Vos estás sano y mira lo triste que te ves.
Yo me llevo por delante el desagrado de la gente,
los empujo con mis anchos hombros hacia el vacío de su integridad.

Tu gourmet no le hace ni sombra a mi comida con provenzal.
La saboreo tanto que me hace caer la lengua.
Todo me huele a cigarrillos, excepto tu sonrisa
que huele a pasto fresco, lleno de rocío brillante por el sol.
No me tropiezo con la piedra, la pateo lejos y con fuerza,
y si vuelve le pego un cabezazo de esos que no empardan.

Y me quedo con los brazos abiertos disfrutando tu carcajada.

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