Yo me amo. Muchísimo. Pero tengo tanto amor, que tengo muchas ganas de regalarte un poco. De amarte. De compartirlo como un cacho de pan. Aunque seas celiaca. Aunque después te duela la panza de tanto amor. Aunque tenga que abrazarte hasta que estés curada. Y seguir abrazándote por las dudas. Y hacerte el desayuno. Y la cena. Y ser mis besos tu postre. Recorrer tus perfectas vergüenzas con el filo de mis pupilas y gritarle a dios que el cielo está en la tierra. Que el paraíso está en tu cintura y que si miras fijo, se ven atardeceres floreciendo de tu cuello. Que en tu lengua fueron creados los océanos y que tus ojos son dos abismos al deseo. Pero cuando reís, cuando reís, la primavera llora de odio, porque sabe que ya no es lo que más se espera.
Si no escribo me muero.