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Muchísimo.

Yo me amo. Muchísimo. Pero tengo tanto amor, que tengo muchas ganas de regalarte un poco. De amarte. De compartirlo como un cacho de pan. Aunque seas celiaca. Aunque después te duela la panza de tanto amor. Aunque tenga que abrazarte hasta que estés curada. Y seguir abrazándote por las dudas. Y hacerte el desayuno. Y la cena. Y ser mis besos tu postre. Recorrer tus perfectas vergüenzas con el filo de mis pupilas y gritarle a dios que el cielo está en la tierra. Que el paraíso está en tu cintura y que si miras fijo, se ven atardeceres floreciendo de tu cuello. Que en tu lengua fueron creados los océanos y que tus ojos son dos abismos al deseo. Pero cuando reís, cuando reís, la primavera llora de odio, porque sabe que ya no es lo que más se espera.

Sincericidio.

Me gusta amar con todas las fuerzas, con la locura que aún no está definida. Me gusta besar quemando bocas, dejando el ardor en la comisura. Abrazar como abraza el mar a las piedras de la costa, sin piedad ni miedo a que se rompan. Hablar al oído como si gritaran mil almas en el infierno, en un coro inundado de azufre y fuego. Soy intenso, escurridizo, pícaro y atorrante, todo lo incorrecto me define, todo lo correcto me da náuseas. Sí, estoy loco, y que? Vos estás sano y mira lo triste que te ves. Yo me llevo por delante el desagrado de la gente, los empujo con mis anchos hombros hacia el vacío de su integridad. Tu gourmet no le hace ni sombra a mi comida con provenzal. La saboreo tanto que me hace caer la lengua. Todo me huele a cigarrillos, excepto tu sonrisa que huele a pasto fresco, lleno de rocío brillante por el sol. No me tropiezo con la piedra, la pateo lejos y con fuerza, y si vuelve le pego un cabezazo de esos que no empardan. Y me quedo con los brazos abiertos disfrutando...

Greca.

Yo creo que en tus ojos descansa la bondad. Y se hamaca tu ternura. Que aunque oculta a veces esté. Retumba por todos lados. Agrieta paredes. Inunda desiertos. Tiñe a la luna de color amor. Cualquiera que ese fuera. Al final de cualquier arcoíris está tu sonrisa. Sin ella, por más que llueva y salga el sol, los prismas serían en blanco y negro. Vos le das color al mundo. Contraste. Brillo. Saturación. Y cuando de tus ojos sale el flash de cada pestañeo. Se crean ciudades y países. Todo junto, sin fronteras, como vos, que no tenes limites a la hora de amar.

La última oportunidad.

El hijo de la tormenta.

Entre rayos y centellas y con el poder de los vientos del sur, se hace presente este ser de presencia magnífica y poderosa. Conquistando con su primer llanto al mundo entero de los mortales. Este primogénito camina sobre las nubes sin temor a nada y ablanda cualquier corazón con su sonrisa divina. Ecos infinitos de aplausos se hacen escuchar en el mundo por su nacimiento prematuro, él no pudo aguantar más el encierro y decidió ser parte de la logia bastarda que es la vida. Caminará con paso firme y la frente en alto como todo Aymar. Destruyendo caminos para crear nuevos. Y si alguien se atreve a tocarle un pelo, se aplicará la frase que llevamos como estandarte: Detrás de un Aymar, están todos los Aymar. Y a partir de ahora, los Rodríguez también.

Nunca sobra.

Y siempre quiere más. Y no le alcanza. No la satisface. No le cierra. Y siempre quiere más. El vaso medio vacío. La cama media hecha. La birra media caliente. Y siempre quiere más. Mas tiempo. Mas amor. Mas cosas. Y siempre quiere más. Mas miradas. Mas lujuria. Mas cambios. Y siempre quiere más. De mí. De sus pares. de sus compañeros. Y siempre quiere más. De su madre. De su hermano. De su padre, sobre todo. Y siempre, siempre quiere más. Y yo, no doy más.

C'est fini,

El esperado fin, el que buscaste una y otra vez. El fondo del río tiene un lecho horrible, plegado de lágrimas y tentáculos aferrados a mi corazón. Va a ser difícil liberarse, y el pucho no me deja aguantar mucho la respiración. El mundo parece tan vacío ahora que no estas, sera que tus ojos iluminaban todo, y a lo que no llegaba se encargaba tu sonrisa, esa que hace rato no veo. Anda a saber, quizá los medicamentos te la fueron borrando. Ahora solo queda dedicarse a la bella depresión, hacía tiempo que no la veía. Vos te habías encargado de meterle una patada en el culo. Pero la muy hija de puta siempre vuelve, se esconde en las habitaciones húmedas del cerebro, y cuando puede vuelve. La parte izquierda de la cama va a seguir siendo tuya, te juro que no la voy a usar. Cuando quieras podes venir a buscar algunas cosas que te quedaron, unos protectores diarios, un par de medias blancas, una manta que usamos para tirarnos al pasto y tu aroma a fruta fresca. El anillo dejo una m...