Dicen que cuando encuentras al amor de tu vida el tiempo se detiene. Así me paso a mi.
Ella estaba sentada con la silla al revés, una luz roja acariciaba su pelo, el aire tenia gusto a limón fresco. La música era Jazz. Su boca contemplaba los ritmos, como si los estuviera saboreando.
Le clave la mirada, varios minutos; ella siempre con sus ojos puestos en el escenario. De vez en cuando un acorde hacia que se enfoquen en mi, brevemente.
Estaba con un amigo. Le pregunte -¿conoces a esa chica?- No, me dijo, -pero tiene pinta de que está loca, tiene la mirada perdida-
Claramente él no sabia que ese era su encanto.
Le exclame: es la mujer más hermosa que vi en mi vida.
Me miro y me dijo: no seas exagerado.
Al ver que no entendía tanta belleza deje de hablar con él.
Salí al patio del bar. De mi bolsillo saque una caja de cigarrillos y le arranque un pedazo para anotar mi numero de teléfono. Estuve dubitando en el frió varios minutos, fue raro, yo no tengo registro de ser alguien tímido. Sin embargo con ella fue distinto.
Me abrace al valor y decidí entrar a darle mi numero. Ya no estaba. La banda había terminado y estaban llevando los equipos a los autos. Salí a la calle, dejando una estela de polvo en el bar. No la encontraba. Hasta que la vi, sentada en un auto, en la parte del acompañante con el vidrio cerrado y empañado.
Me ofrecí para ayudar a cargar un parlante a la dueña del auto y así poder darle el tembloroso cartón con mi numero. No me anime.
Volví a mi casa, algo mareado por el alcohol. Pero sin dejar de pensar en ella. Me desperté al día siguiente y todavía seguía en una hamaca de mi recuerdo. Sus ojos son muy difíciles de olvidar.
Volví esa misma noche al bar, con la esperanza de encontrarla una vez mas. Allí estaba, cargada de soles en el negro invierno.
Le pregunte a una amiga si conocía a este ángel tan hermoso, me respondió que si. La fue a buscar y me la presento. Fue la primera vez en mi vida que no supe que decirle a una mujer. Las cuerdas vocales me habían declarado la independencia, y yo sin ningún ejercito para proclamarlas.
Cuando me miro y me dijo "hola", yo ya queria gritarle al mundo que la amaba.
Finalmente mi cerebro hizo un chispazo y empece a hablar. No quisiera agobiarlos con los temas de conversación de esa noche, pero incluían conspiraciones gubernamentales y algo de historia teológica.
Al final de la noche la acompañe a tomar un taxi, me dio su numero de teléfono.
Al otro día le escribí. No aguante. Después de varios días de charlas accedió a una invitación para ir a merendar. Estaba hermosa, tenia una campera con capucha, el interior era de animal print, y un pañuelo que le decoraba su aterciopelado cuello. Terminamos de merendar y cada uno a su casa.
Ella: Me encantó merendar con vos.
Yo: A mi también, fuiste una bella compañia.
Ella: No, no entendiste, me encanto del verbo ya estoy haciendo corazoncitos que dicen te amo.
Duramos varios meses, nos amamos a mas no poder. Luego, para que les voy a contar, llego la tormenta y nos separo.
Dicen que cuando encuentras al amor de tu vida el tiempo se detiene, pero no te dicen que cuando lo pierdes, también.
Ella estaba sentada con la silla al revés, una luz roja acariciaba su pelo, el aire tenia gusto a limón fresco. La música era Jazz. Su boca contemplaba los ritmos, como si los estuviera saboreando.
Le clave la mirada, varios minutos; ella siempre con sus ojos puestos en el escenario. De vez en cuando un acorde hacia que se enfoquen en mi, brevemente.
Estaba con un amigo. Le pregunte -¿conoces a esa chica?- No, me dijo, -pero tiene pinta de que está loca, tiene la mirada perdida-
Claramente él no sabia que ese era su encanto.
Le exclame: es la mujer más hermosa que vi en mi vida.
Me miro y me dijo: no seas exagerado.
Al ver que no entendía tanta belleza deje de hablar con él.
Salí al patio del bar. De mi bolsillo saque una caja de cigarrillos y le arranque un pedazo para anotar mi numero de teléfono. Estuve dubitando en el frió varios minutos, fue raro, yo no tengo registro de ser alguien tímido. Sin embargo con ella fue distinto.
Me abrace al valor y decidí entrar a darle mi numero. Ya no estaba. La banda había terminado y estaban llevando los equipos a los autos. Salí a la calle, dejando una estela de polvo en el bar. No la encontraba. Hasta que la vi, sentada en un auto, en la parte del acompañante con el vidrio cerrado y empañado.
Me ofrecí para ayudar a cargar un parlante a la dueña del auto y así poder darle el tembloroso cartón con mi numero. No me anime.
Volví a mi casa, algo mareado por el alcohol. Pero sin dejar de pensar en ella. Me desperté al día siguiente y todavía seguía en una hamaca de mi recuerdo. Sus ojos son muy difíciles de olvidar.
Volví esa misma noche al bar, con la esperanza de encontrarla una vez mas. Allí estaba, cargada de soles en el negro invierno.
Le pregunte a una amiga si conocía a este ángel tan hermoso, me respondió que si. La fue a buscar y me la presento. Fue la primera vez en mi vida que no supe que decirle a una mujer. Las cuerdas vocales me habían declarado la independencia, y yo sin ningún ejercito para proclamarlas.
Cuando me miro y me dijo "hola", yo ya queria gritarle al mundo que la amaba.
Finalmente mi cerebro hizo un chispazo y empece a hablar. No quisiera agobiarlos con los temas de conversación de esa noche, pero incluían conspiraciones gubernamentales y algo de historia teológica.
Al final de la noche la acompañe a tomar un taxi, me dio su numero de teléfono.
Al otro día le escribí. No aguante. Después de varios días de charlas accedió a una invitación para ir a merendar. Estaba hermosa, tenia una campera con capucha, el interior era de animal print, y un pañuelo que le decoraba su aterciopelado cuello. Terminamos de merendar y cada uno a su casa.
Ella: Me encantó merendar con vos.
Yo: A mi también, fuiste una bella compañia.
Ella: No, no entendiste, me encanto del verbo ya estoy haciendo corazoncitos que dicen te amo.
Duramos varios meses, nos amamos a mas no poder. Luego, para que les voy a contar, llego la tormenta y nos separo.
Dicen que cuando encuentras al amor de tu vida el tiempo se detiene, pero no te dicen que cuando lo pierdes, también.
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