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Mujeres hermosas.

Nadie puede negar el poder diabólico de la belleza. Se trata en realidad de una fuerza mucho mas irresistible que la del dinero o la prepotencia. Cualquiera puede despreciar a quien lo sojuzga mediante el soborno o el temor. Por el contrario uno no tiene mas remedio que amar a quien le impone humillaciones en virtud de su encanto. Y esta es una trágica paradoja.

Las mujeres hermosas conocen perfectamente la calidad de sus armas y las utilizan con el único fin de provocar el sufrimiento de los hombres. Ostentan su belleza y sin embargo no permiten que uno las disfrute. Cuentan dinero delante de los pobres. Esta perversa conducta no puede ser inconsciente. Obedece, sin duda a un plan minuciosamente pensado.

Cada vez que me acerco a una señorita para presentarle mi respeto, no recibo otra cosa que gestos de desagrado, gambetas ampulosas y aun amenazas de escándalo.
Ya no se puede ceder el paso a una dama sin que se sospeche que esta por permitido perpetrarse una violación.

¿En qué consiste el piropo? ¿Cuál es su objeto y esencia?

Algunos sostienen que se trata de un genero artístico: Un hombre ve a una mujer, se inspira y suelta párrafos. No existe la esperanza de una recompensa, basta con la satisfacción de haber cumplido con los duendes interiores.

Otra corriente – menos desinteresada – piensa que todo piropo manifiesta la intención de comenzar un romance. Vale decir que se espera de la dama que lo recibe una respuesta alentadora.
Difícil será – por cierto – que alguien obtenga una sonrisa a cambio de una grosería.

Esta muy bien reclamar la tolerancia de las señoritas. Pero todo amorío debe presentar una cantidad razonable de escollos. Para serles franco, no quisiera saber nada con una mujer capaz de entreverarse en dos minutos con un tipo como yo.

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