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Por si acaso

Si tus manos se olvidan de salvarme del precipicio, si tus dedos se han cansado de desatarme la vida, si a mi nombre lo has anclado al fondo de tu garganta, si tu lengua ya no sabe el sabor de tus orgasmos. Si tus dientes ya no quieren tatuarme tu sonrisa, si tus ojos ya no ven más allá de lo que miras, si tu pelo y mi almohada se recuerdan con nostalgia, si el color de tus zapatos ya no es el de mis sueños. Si tu piel es traducida a un idioma desconocido, si en tu forma de callar solo encuentro más silencio, si tu odio y un portazo no me dicen hasta luego, si tu amor y una caricia no prometen para siempre. Si tus piernas no se abren como flores en el campo, si en el vaho de tus suspiros no coloco nuestros nombres, si tus muslos no reclaman que arrodille mi deseo, si tu culo ya no incita que le escriba al equilibrio. Si tus pies y mi camino se han llevado la contraria, si un prohibido te censura y un perdona te conmueve, si los charcos no reflejan la verdad sobre la lluvia si un paragu...

Pensé en vos y salió solo.

Escribir es una fuga de mí mismo. Mirar a los ojos al suicidio y dar un paso hacia atrás en la cornisa. Escribir es el espejo donde puedo aguantarme la mirada, la foto que no me importa que veas, la piel que no me asusta que toques. Escribir es descoserte por el pecho, ponerle alas al odio, hacerte volver a la infancia por aquel recuerdo feliz que olvidaste. Desnudar la distancia de excusas e imposibles, desenterrar a los muertos con el abrazo que adeudas y asesinar al olvido una y otra vez hasta el recuerdo. Escribir es lo más cerca que puedo estar de tus labios, lo más lejos que puedo estar de mí mismo, lo más vivo que puedo estar de la muerte. Pero sobre todo escribir es tenerte acá, aunque vos estés allá. Por eso escribo, porque en cada párrafo, palabra, letra e incluso en algún que otro acento, veo tus grandes ojos mirando los míos. Y tengo un día más de vida.

Me juzgaste la tapa.

Podrías pensar que tengo razones suficientes para querer cogerte, que la amabilidad de mis palabras es el disfraz atípico de lo perverso. Imaginar también que este ímpetu en subirte la autoestima, conlleva consigo el deseo de querer bajarte la tanga. Puedes sospechar incluso que contigo mi lengua se está moviendo siempre en el lugar equivocado. Que al fin y al cabo soy un hombre. (Esa maldita etiqueta) Y tú eres tan bonita que todavía no me creo que no haya una ciudad con tu nombre. Que cada vez que descruzas las piernas sube la marea y hay un naufragio del que no quiero salvarme. Y tienes esa pose imperfecta, entre la ingenuidad y el descaro, entre lo cotidiano y lo irreal, que consigue hacer terrible todo aquello que está lejos de ti. Puedes tener el total convencimiento, de que cada adjetivo lleva implícito una miga de pan para no perder el camino hacía tu boca, que cada verbo es una pista de hielo para hacer que resbales lentamente y tu caída y mi mano parezcan una más de nuestras ...

Cuando escribo en voz alta.

Hay quien llama distancia a la falta de deseo, quien usa la palabra platónico para camuflar su cobardía. Hay quien mantiene el silencio por temor a lo que salga de su garganta, como un nombre que ya debería haber olvidado. Están los que se escandalizan con ciertas palabras, concha, pija, coger, semen, como si su existencia estuviera basada en el acto de frotar dos piedras. Están los que piden la verdad a gritos ignorando estúpidamente que jamás podrán soportarla. Los que piensan que al tener esa ingrata habilidad de saber pedir perdón sin despeinarse ya les da todo el derecho de poder hacernos daño. Los que hablan de imposible por que no fueron capaces. Los que llaman soledad a la incapacidad de estar con alguien. Los que dicen te amo mirando a los ojos porque en ellos ven su propio reflejo. Esos seres perfectos que culpan al destino de sus errores y llaman intuición a cada acierto. Esos que piensan que tener orgullo es más importante que tener a alguien. Ustedes que se han quedado con...

Ser feliz.

Tomé su mano y le dije, ser feliz es un intento. No te ofrezco el paraíso, tan solo buenos momentos, compañía en la tormenta, un refugio para el viento, raíces para el futuro, caricias y sentimientos. Un hombro para llorar, abrazos para el lamento, destino para tus ojos, miradas en el silencio. Una canción compartida, entre sonrisas y besos, mis pasos, un horizonte, bellas mañanas y el cielo. Un caminar decidido, un hogar y mi desvelo. Si desplegamos las alas, si comenzamos el vuelo, el destino no está escrito, tal vez sea nuestro tiempo. Tomé su mano y le dije, con profundo sentimiento, la vida es un desafío, y ser feliz un intento.

Entre paréntesis.

Entonces se desnudó y donde ella aseguraba que sobraban kilos yo juré que le faltaban besos. Podríamos haber hablado del frío a tres metros de distancia, ignorar tiritando de deseo cuantos veranos nos caben en los brazos. Coser enero en el marco de la puerta e intentar descifrar en el vaho de los suspiros, si nombrarnos nos sabe como un beso en la boca. No he llegado a saber el verdadero significado de la sed hasta no sentir sus manos acariciarme la nuca. De rodillas el cielo queda a la altura de la lengua. Sus muslos se abren como quien abre un paréntesis, como quien cierra un pasado. Podríamos habernos sentado a hablar de la lluvia, observar con la inocencia perdida nuestro reflejo en los charcos pero decidimos ser los dueños de la próxima tormenta. Desnuda parece una playa donde naufragan las islas. Gime y toda la habitación baila como si tuvieras en la garganta los acordes de mi vida. Como si la música no existiera sin su boca. Traduzco sus suspiros al idioma del deseo y toda mi ex...

Huir.

Debería huir lejos, más lejos, mucho más lejos de lo que mide un recuerdo eterno. A algún pueblo perdido que no sepa lo que se siente al pronunciar tu nombre. A un lugar sin paisaje, ni veranos, ni chicas lindas que te observan con la crueldad de quien añora algo. A un mundo donde nadie se pregunte, que fue de aquella diosa casi perfecta que paseaba conmigo de la mano. Debería correr hasta que el sur no sea más que norte y anochezca antes en tu cintura que en mis ojos y la poesía olvide por completo los versos que le debo aún a tu boca. Amanecer desnudo en cualquier cama que nunca haya gozado tu aroma, abrirle las cortinas a mi vida y que un paisaje con tu dulce ausencia me garche en mi postura mas sumisa. Debería de marcharme de mi mismo, de ti, de mi familia, de mis "amigos", de tu cabello al viento siempre suelto, de tu no sé, de mí ojalá, de tú otro día. De la canción aquella del suspiro, de tú quiéreme algo más o no lo siento, de mí no saber odiar lo que te quise. Deberí...