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Quetren Quetren.

Quiero que sepas que estás dejando pasar un tren que muy pocas veces en la vida vas a ver en las vías del universo. Uno que está cargado de cariño y cuidados de los cuales nunca probaste, de los cuales aún no has sabido saborear. Quiero que sepas que lo mío es en serio, que no juego al amor, que no lo distorsiono con vibraciones malignas de deseo destructivo como has visto en tu corta vida. También quiero que sepas que soy una persona súper egoísta y egocéntrica pero que cuando alguien se posa en mi corazón todo eso se traspasa a esa persona, a ese ser, que pasa a ser todo en mi vida. Sí, puedo tener el corazón congelado, muchas me lo han hundido en el fondo del océano ártico, pero vos llegaste y te juro que desde ese momento una sola célula tomo calor y cuando menos lo espere estaba resurgiendo hacia los cielos. Sos vos la causa de que yo este enamorado, sos vos la causa de que este vivo, sos vos la causa de mis lágrimas por tu ausencia, y también sos vos la causa de mis más bell...

¿Olvidarla?

Es tan bonita que no le silban por la calle, la tararean. Deberías verla, la poesía no alcanza su belleza. Da igual lo que escriba, no la abarca, no rozo ni siquiera su silueta. Es como pretender hablar del sol, poniendo como ejemplo una lámpara. Como en un triste charco de domingo querer reproducir toda la lluvia. Deberías verla, caminar como si en su reloj siempre fueran menos cinco y cada paso adelante conllevara un atajo. Como si el equilibrio estuviera enamorado de la suela de sus zapatos y dejara tras su ausencia borrachos de nostalgia y abandono. Sus manos son pequeñas, sin embargo le cabe en una palma mi existencia, sus dedos son diez náufragos heridos, la isla es una curva de mi espalda. Su pelo es casi rubio (y digo casi) nunca el brillo me opaco tanto, su boca es casi dulce (y digo casi) nunca un adiós me supo tan amargo. Deberías verla, sonreír como quien deja de propina un billete grande, conseguir con la amplitud de su presencia que también la próxima estrella que muera l...

Caprichos.

Un nuevo ciclo de nuevas emociones, de caminar por la vereda de tus pestañas, de susurrar sobre las comisura de tus labios. De distanciamientos de carreteras carbonizadas por el sol del medio día, calientes como yo. Con la locura como estandarte de mi ser, y la belleza de tus vestidos de verano. ¿Como no arrojarme al volcán de arena en el cual me hundo si no me das la mano? Si para alcanzarla tengo que aprender a vivir sin caprichos y sin cumplirte los tuyos.

Preguntas y respuestas al borde del delirio místico.

¿Su risa? Su risa es una cascada de amapolas con aroma al mejor plato gourmet del mundo. Así es su risa, incontrolable, rebelde, eólica e infinita. Hay veces que hasta parece que la podés palpar. Provoca tsunamis en las costas de todas las islas del universo. ¿Su mirada? Su mirada es un volcán de belleza. Derrite cualquier iceberg. El Titanic se hubiese salvado si ella iba a bordo. Creo que tendría que mirar con más cuidado, a ver si todavía provoca un deshielo y el nivel del mar nos ahoga a todos. ¿Ella? Jamás podría definirla, eso sería limitarla y ella no tiene límites.

Li ber tad.

Ella no está loca, ella está libre. Libre de lo que a vos te da miedo, de lo que te perturba en tu día y en un tu noche. Ella no tiene caretas. Ella tiene una cara y es tan dura y firme como tu hipocresía, como tu temblequeo. Sus valores no tienen divisa, son como el viento que sopla la hoja de otoño, crocante y sin ataduras. Sus vestigios se transformaron en caricias. La veo y me palpita el alma, me tiembla la sangre, se me caen las convicciones. De repente el mundo es a colores. Se ríe y todo está bien en la tierra, todo tiene olor a recuerdos vistos desde un futuro cercano. Me gusta cuando me abraza con sus ojos. Ella se ve frágil, no se comprende, no se ve como yo la veo, como un ser extraordinario que todo lo puede. Un tsunami de amor que todo lo abarca.

Muchísimo.

Yo me amo. Muchísimo. Pero tengo tanto amor, que tengo muchas ganas de regalarte un poco. De amarte. De compartirlo como un cacho de pan. Aunque seas celiaca. Aunque después te duela la panza de tanto amor. Aunque tenga que abrazarte hasta que estés curada. Y seguir abrazándote por las dudas. Y hacerte el desayuno. Y la cena. Y ser mis besos tu postre. Recorrer tus perfectas vergüenzas con el filo de mis pupilas y gritarle a dios que el cielo está en la tierra. Que el paraíso está en tu cintura y que si miras fijo, se ven atardeceres floreciendo de tu cuello. Que en tu lengua fueron creados los océanos y que tus ojos son dos abismos al deseo. Pero cuando reís, cuando reís, la primavera llora de odio, porque sabe que ya no es lo que más se espera.