Capítulo I Mudé y dejé los restos de piel vieja tirados por todos lados. Creo que igual prefiere que la llamen “octogenaria”. Es un modelo más avejentados de mí, deshuesado. Me hubiese gustado guardarla en una jaula y coserla con los miembros de mis otros modelos. Podría hacer una versión arácnida de mí, pero como tengo aracnofobia, me quedé en el primer molde. Siempre me gustaron más los escorpiones, creo que tiene mucho que ver con mi fascinación por las suegras. ¿Cómo puede ser que el diablo no esté asociado a esos animales? Deberían ser quemados en lugar de los gallegos negros, apuesto a que el humo que saldría de ellos sería mucho más oscuro que el lado oculto de la luna. Más negro que la corrupción de la iglesia. Más negro que la vida que dejaste atrás. Más negro que, en dos palabras, materia oscura. Seguramente ese humo me deje ciego (¿quién te dice? Quizás incluso negro) y con problemas motrices. Caminar ya no seria una cuestión de distancia, sino de tiempo. O estupefacientes. ...
Si no escribo me muero.