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Mostrando entradas de junio, 2023

Viajar está sobrevalorado si no es con vos.

Cuando decidí no verte más, por más que te buscara en la multitud no había señal de tu silueta. Entonces me fui a recorrer el mundo, con la idea de que no buscándote tal vez te encontrara. Recuerdo tu mueca cuando te dije que en París también se ponen los cuernos. No es el lugar, es la lealtad que habita en uno. El papel de buena gente no le dura mucho al que lo finge. No sabes cuántas torres Eiffel hice con mis propias manos en la compañía de tu ausencia y mi lujuria. Cuantas noches pasé por el arco del triunfo para decir tu nombre antes del orgasmo, para volver al fracaso después de tenerlo. Ya no rompen las olas contra tus ojos de Diosa. Venecia es cualquier ciudad después de la lluvia. No sabes lo difícil que es hacer un charco con tus propias lágrimas. Dicen que lo peor del naufragio es la distancia que hay desde el accidente a la orilla. Lo que no mencionan es que la orilla, casi siempre es una persona. Que hacer pie no es una cuestión de altura ni de profundidad, si no de compañ...

De manzanilla para mi

Escribir sin saber que vas a leerme es un alivio. Me permite escurrirme entre los adjetivos y los momentos de tensión. En ese ir y venir que sucede cuando el poema va dando vueltas hacia una idea pero sin llegar a ninguna. Como nosotros. ¿A quién le estás contando sobre tu compañera de trabajo que tiene el pelo más duro que una escoba, mientras se te va creando la carcajada? La pandemia no debería entrar en este texto. La quise dejar afuera, pero ella ahora es parte de nosotros. Esa parte que conjugó la distancia. ¿Vos sabés lo difícil que es relacionarse en estos momentos? Que sí, que no. Que le di un like, que no le miré la historia, que no pude reaccionar y se me pasaron las 24 hs. Todo ese mundo que muchos ven cómo una ventaja me está agobiando. Quizás no sea eso, dijo mi analista el miércoles pasado. Quizás sea la falta, respondí yo, y ambos nos quedamos en silencio. Encontrarme con otro cuerpo es bastante fácil, pero encontrarme con el tuyo es muy difícil. La última vez que nos v...

Y ser yo, por ti, contigo.

Puedo traducir los gritos de Sharápova al idioma del gemido, escribir un relato sucio sobre sexo público en los baños de un bar de jubilados mientras bebo café en mi taza de princesas de Disney. Hacer un millón de flexiones si te pienso debajo, venderle mi alma a la primera mujer que me prometa no llevarme de compras a su próxima renovación de vestuario. Creo que podría hasta escribir un poema de amor. O bailar desnudo bajo la lluvia de invierno la canción de tus zapatitos de tacón sobre los charcos, regalarle mi lengua eléctrica a casadas que fingen los orgasmos. Podría coleccionar alfabéticamente posdatas que me hagan daño, mirarme durante más de tres segundos al espejo y no odiarme, no del todo. Buscar trabajo, dejar el pucho, el alcohol, la falopa, mi vida… debajo de un tren con destino a la nostalgia. Recitar un poema a gritos subido en un contenedor de basura, comerme tu lasaña, batir el récord de masajes en la espalda o aceptar “hijo de puta” como verso del amor que me profesas....