Tal vez no debí haber posado mis ojos en vos, yo soy de esos que se enamoran tres veces al día, cuando me veo cara a cara con otro universo. Y ahora lo vuelvo a hacer cada vez que te veo venir. Ya van dieciséis en una hora. Sos como una de esas actrices que consiguen con su belleza que te acabes olvidando de la trama de la película. Yo te miré e ignoré por completo el resto de mi vida. Tan apretada a vos misma que casi podía considerarse un milagro que no te rompieras en la siguiente pisada. Tanta curva en tan poco espacio que incluso antes de acercarme un metro ya me había destrozado contra el barral de tu cintura. Y ya van veintiuna. Has conseguido con tu presencia que vuelva a sentirme partícipe del género masculino. Tan común como el carnicero de la esquina, tan sátiro como el viejo de la barra del bar, tan imbécil como el chico adicto a los abdominales, tan obsceno como ese casado que gira para escanearte, para poder luego pensar en tu culo mientras le dice a su mujer que gima más...
Si no escribo me muero.