Tendría que haberme hecho el muerto cuando te vi llegar
y no mirarte como miran las tortas de las vidrieras
de las panaderías las señoras con diabetes.
No se puede ser tan bonita con pantalones cortos
y zapatos de esos que esquivan el ruido en callejones oscuros.
y no mirarte como miran las tortas de las vidrieras
de las panaderías las señoras con diabetes.
No se puede ser tan bonita con pantalones cortos
y zapatos de esos que esquivan el ruido en callejones oscuros.
Me miraste y acomodaste todo tu cuerpo hacia el glamour
y creaste una pasarela donde halagan en francés
y reinventaste de nuevo la moda en una baldosa.
Cuando te soltas a bailar
haces parecer a cualquiera
que trate de bailar cerca tuyo
a un animal sin cabeza
que perdió por completo
el sentido del equilibrio.
Tenes una trinchera tan férrea de monosílabos
que ninguna de mis frases logra nunca atravesar
la línea que separa el silencio del diálogo.
Es tan absurdo mover la lengua fuera de tu boca.
Por eso callo,
por eso escribo
desde esta voz sin decibeles
para que me escuches con los ojos.
Y no, no se puede tener tantos argumentos en tan poco espacio,
si fueras una película en un cine
la gente se volvería loca.
Habría paquetes de pororo volando por los aires,
gaseosas chorreando de las butacas
y manos buscando bajo las polleras de la última fila
el significado real de la trama.
De la vida.
Del orgasmo.
Que hasta los guionistas que duermen en mis dedos
darían todas sus ideas al enemigo
por comerte la humedad bajo tu ombligo
hasta que volviera a pasar el cometa halley
por delante de tus párpados.
Se tambalean las lapiceras de mi escritorio
cuando pienso en lo que hace el aire con tu pelo,
se garabatean las hojas de metáforas
si diviso mentalmente
como se te pega la ropa a la piel.
Tenes a todo tu armario
enamorado de tu aroma.
Y al mío masturbándose en tu ausencia.
Debí hacerme el muerto cuando te vi llegar
en lugar de tartamudear tu nombre
como si me hubiera tragado un eco.
En lugar de colocarte en la agenda
de los amores platónicos,
entre esa actriz italiana
que descumple los años
y aquella compañera de pupitre
que me robó la voz cuatro años de infancia.
Ahora estoy en la cama,
con el corazón contando ovejitas para soñarte
mientras tu boca es deseada por un hombre
en una discoteca con paso de peatones
que rompen los tabiques de mujeres
que no sabrán jamás cuál es mi nombre.
Así estoy,
sin vos,
despierto,
en plena pesadilla.
y creaste una pasarela donde halagan en francés
y reinventaste de nuevo la moda en una baldosa.
Cuando te soltas a bailar
haces parecer a cualquiera
que trate de bailar cerca tuyo
a un animal sin cabeza
que perdió por completo
el sentido del equilibrio.
Tenes una trinchera tan férrea de monosílabos
que ninguna de mis frases logra nunca atravesar
la línea que separa el silencio del diálogo.
Es tan absurdo mover la lengua fuera de tu boca.
Por eso callo,
por eso escribo
desde esta voz sin decibeles
para que me escuches con los ojos.
Y no, no se puede tener tantos argumentos en tan poco espacio,
si fueras una película en un cine
la gente se volvería loca.
Habría paquetes de pororo volando por los aires,
gaseosas chorreando de las butacas
y manos buscando bajo las polleras de la última fila
el significado real de la trama.
De la vida.
Del orgasmo.
Que hasta los guionistas que duermen en mis dedos
darían todas sus ideas al enemigo
por comerte la humedad bajo tu ombligo
hasta que volviera a pasar el cometa halley
por delante de tus párpados.
Se tambalean las lapiceras de mi escritorio
cuando pienso en lo que hace el aire con tu pelo,
se garabatean las hojas de metáforas
si diviso mentalmente
como se te pega la ropa a la piel.
Tenes a todo tu armario
enamorado de tu aroma.
Y al mío masturbándose en tu ausencia.
Debí hacerme el muerto cuando te vi llegar
en lugar de tartamudear tu nombre
como si me hubiera tragado un eco.
En lugar de colocarte en la agenda
de los amores platónicos,
entre esa actriz italiana
que descumple los años
y aquella compañera de pupitre
que me robó la voz cuatro años de infancia.
Ahora estoy en la cama,
con el corazón contando ovejitas para soñarte
mientras tu boca es deseada por un hombre
en una discoteca con paso de peatones
que rompen los tabiques de mujeres
que no sabrán jamás cuál es mi nombre.
Así estoy,
sin vos,
despierto,
en plena pesadilla.
Comentarios
Publicar un comentario