Ir al contenido principal

Entradas

TQM.

La quiero, y no sé hasta dónde. ¿Hasta el infinito quizá? Pero que es el infinito sino una línea de tiempo perpetuada por la eternidad. No, yo no te quiero en una triste línea de tiempo, yo te quiero en todas las dimensiones, en todos los tiempos, en todos los arriba, los abajo, atrás y adelante, en los pasados, en los presentes y en los futuros. Te quiero a través de un agujero de gusano, en planos cuánticos y estelares. Te quiero como se quiere a los soles y a los océanos que dan la vida. Te quiero molecularmente.

Creación.

Pestañeo y enciendo lucecitas en el aire. Las pongo bajo el microscopio de la vida y veo bellas luciérnagas volando. Retrocedo un paso y veo sus ojos. Doy otro más atrás y está su sonrisa iluminando todo el océano, quitándole el brillo a la luna llena. Si sigo en modo reversa, seguro me encuentro con el Big Bang en la punta su nariz. Le doy un beso y se crea el universo. Al menos el mío, Donde soy feliz.

24 de Octubre.

Fría y despiadada, se guarda el veneno solo por un tiempo, y justo en el preciso momento, te lo inyecta, sin piedad, sin cariño. Su felicidad duró tres gemidos, uno por hijo, luego se glacio. Primogénita mujer, desgraciada por su padre. La vergüenza de cualquier árabe. Impura. Sobre-protectora, sobre-involucrada, sobre-metida, sobre todo. En un agujero del tiempo con la profundidad de cinco años, se marchitó entera, pero no como flor silvestre, como carne podrida. Su aguijón de punta de iceberg enfría cualquier corazón. Es un híbrido entre serpiente y escorpión. En sus patas lleva esporas de maltrato emocional. Amigas no tiene, a todas traicionó. El velo que debía cubrir su boca se hizo polvo antes de tapar su primer llanto al nacer. La culpa la tuvo el doctor, si ella podía respirar sola El latín no lo entiende, por ende el "mea culpa" esta virgen en su lengua. Paranoica a más no poder, manipuladora y machista. La vergüenza de cual...

Personalmente.

Te amo, pero no tiernamente, no como vos crees que lo hago. No, te amo como a todo lo que me hace mal. Como el primer pucho de la mañana, que ahoga mis pulmones de placer y cáncer, como la primera cerveza de la noche, la que empieza a emborracharme, como esa línea de merca que destruye mi nariz mientras la voy disfrutando. Como el porro que me marea y me hace reír hasta descomponerme. Así te amo, como a una adicción, como a lo peor que hay en el mundo. Y perdón por la comparativa, pero para amar como te amo cualquiera prefiero no amarte.

Continuará o no.

Capítulo I Mudé y dejé los restos de piel vieja tirados por todos lados. Creo que igual prefiere que la llamen “octogenaria”. Es un modelo más avejentados de mí, deshuesado. Me hubiese gustado guardarla en una jaula y coserla con los miembros de mis otros modelos. Podría hacer una versión arácnida de mí, pero como tengo aracnofobia, me quedé en el primer molde. Siempre me gustaron más los escorpiones, creo que tiene mucho que ver con mi fascinación por las suegras. ¿Cómo puede ser que el diablo no esté asociado a esos animales? Deberían ser quemados en lugar de los gallegos negros, apuesto a que el humo que saldría de ellos sería mucho más oscuro que el lado oculto de la luna. Más negro que la corrupción de la iglesia. Más negro que la vida que dejaste atrás. Más negro que, en dos palabras, materia oscura. Seguramente ese humo me deje ciego (¿quién te dice? Quizás incluso negro) y con problemas motrices. Caminar ya no seria una cuestión de distancia, sino de tiempo. O estupefacientes. ...

Velocidad X Tiempo.

Me sonrojo ante el aleteo de sus suaves parpados. En una chispa de su bostezo siempre quedo perplejo. La distancia es un problema, su olor a cítricos es lo que mas extraño en las mañanas. Abrazar memorias ya no alcanza. Cuando me aflora el amor lo plasmo ante sus ojos, ella lo mira y lo ignora. ¿Donde está la bondad? Trato de ser frió, pero no puedo, siempre fui de calentar por todos lados. A pesar de que los números son infinitos, ya estoy llegando al final de los finales. Espero que allí se encuentre ella, y todo el amor que me debe.

Verde que te quiero verde.

Tiene mirada de reptil, hace lo que se le antoja. Me ha robado el control, me ha hurtado mi esencia. El dominio es psicológico, mis murallas han caído, o por lo menos lo están haciendo. Escombros por doquier. Su silueta la eligieron los dioses, han sabido elegir bien. Los orgasmos son vientos de su boca en cada palabra. En las pestañas lleva un tobogán, en el cual juego como niño. Mi mirada desliza y cae en sus ojos. Me balanceo en la mueca de su sonrisa y me suelto con impulso para ver que tan lejos puedo llegar. Me golpeo contra un tapial, alambres de púas y vidrios rotos. Es casi imposible pasar y alcanzar el placer de los placeres. El resultado es inconcluso, aún no he tocado fondo en su alma.