Ir al contenido principal

Entradas

Sentir hasta desistir.

Desisto tu belleza, de tus labios carnosos, de tu culo sabroso, de tu aliento a pradera. Desisto de tus besos que matan, que derrumban dragones, que desintegran mi alma. Desisto de tu polvo mágico, que levanta hasta un muerto, que diluvia sonrisas, que me lastima la herida. Desisto al amor, a la melancolía, a vivir con vos, a los hijos bastardos. Me aferro a mí mismo, a mi centro y a mis lados. Me aferro a la distancia, a chupar el jugo de los días.

Nada, todo.

Alrededor de su sonrisa no existía nada, como ahora en mi vida, no existe nada porque ella era todo. El filo de la nostalgia me corto los ojos, ahora veo todo a media asta, es como querer ver un atardecer en la playa pero yo solo veo el mar, el ocaso se lo llevo ella, le quedo en la división de bienes. Debí elegir un mejor abogado. Uno mejor que yo.

Santa Claus

Ella era parte del trío que jamás íbamos a tener. Y aunque me hablaste de sus fuegos jamás me contaste de sus cenizas. De lo mal que le has hecho, tanto mal como a mi. No tuviste el valor de enfrentar la desgracia cometida una y otra vez. Tu paladar aún no entiende esos sabores. Al final tenías razón. Y eso es lo que más odio me da. Que lo único que buscabas era la combinación de un buen par de tetas y una pija que te moje el culo. ¿Cual es el morbo que buscaste al cogerte un clon al 80%? Si tu amor siempre fue ficticio, efímero de verdades, hoy más muerto que Bowie. Te creíste princesa. Pero las princesas no precisan que les digan puta para que se vengan en el medio del sexo anal. O que las ahorquen. O que las azoten. O que las escupan. O que les arranquen el pelo. Las princesas no dicen pegame más fuerte, que me duela. Y los príncipes jamás accederían a tal propuesta. Es por eso que jamás tuve título de nobleza.

Layean

Cuando esa sonrisa  se perpetua a través de los tiempos  y recorre distancias infinitas,  mi mundo brilla esplendoroso. No necesito del sol,  no necesito de la luna  ni de las estrellas.  Me alcanza y me sobran sus ojos  para cualquier metáfora de amor.

Molesto.

¿En qué momento les vendí mi plexo o dejé entrever que quería sus lisonjas? No necesito que nadie se meta en mi basura yo puedo ver en los ojos de los otros, los puedo olfatear. Soy como el buitre, nadie puede esconderme su carroña. Me agotan sus abrazos de caros perfumes, me dan gracia esos pelos arreglados, quietitos, a la moda. No me torturen más, yo no soy de su élite, mis paredes se caen a cada rato, no me molestan las paredes despintadas y rotas porque no las veo. Creo que nadie me ha entendido aún, no es cuento lo mío, soy alguien que muchos ni querrían ver, no me creen a su semejanza, no tengo referencias para mostrar. Si acaso aguantaras uno o dos round sin axiomas que te quiten el riesgo a equivocarte, podrías sentir mi olor a nunca. Quizás hasta rozaras esta lujuria anestesiada por el tiempo. Si acaso tuvieras adentro la pureza de escupir con rabia esa hipocresía podrías descubrir que en los subsuelos también nace una flor en un pecado. Pero eso no es posible y te juro que l...

Espejo de mi ego.

Cuando ya no esté, habrá vació en sus ojos, en sus vidas. Habrá sonrisas sin brillos, suspiros sin alientos, bocados sin sabor, caricias sin texturas, ríos sin peces, árboles sin hojas. Cuando ya no esté, los vientos estarán sin fuerzas, la nieve será cenizas, el arco iris estará opaco. Cuando ya no esté, las flores olerán a azufre, las frutas serán amargas, el cielo será sin estrellas. Cuando ya no esté, lo sabrán en sus corazones. Porque latirán más despacio.

La Paz que me produjo un Caos.

Acorralado entre cientos de ojos sin luz. Y ella aparece, tan natural que asusta, tanto fuego en su mirada. Quemaba almas al pasar, se abría camino tan tranquila que el mismo Diablo le temía. Yo, en el medio de sus pasos de fuego me sentí atraído por sus grandes ojos y una sonrisa se hizo presente al mirarme. Primero me pego en el pecho, paró mis latidos por un segundo, fue como chocar contra la belleza, les aviso, nunca sabrán como es hasta que se crucen con ella. Su collar me llamo la atención, aunque ella sola, sin nada, puede atraer la atención del mundo, los ojos del universo la desearían. Emitió pocas palabras, pero esas eran las suficientes para que sonaran a sinfonía en mi oídos. Era una fanfarria compuesta por el mismo Tchaikovsky. Que placer verle mover sus labios, era todo en cámara lenta, así la veía, bailando como una hoja en el viento. Cayendo hacia el otoño bastardo de su partida. Ojala la vuelva a ver, ojala suene otra vez la música de su alma.