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Mostrando las entradas etiquetadas como alas

Una condena con alas.

El día que te conocí supe que los pretextos  para no enamorarme  se me habían terminado.  No digo el día que te vi,  porque eso es algo muy distinto.  La diferencia entre ver y conocer  radica en que para lo primero  hay una consecuencia de atracción física  y para lo segundo se genera  una atracción más fuerte y profunda,  espiritual.  Así que me enamoré de vos  cuando te conocí,  si bien no del todo,  por lo menos lo suficiente.  Fue el mismo día en que deje  de buscarle el sentido  a muchas cosas porque comprendí que,  por mucho que uno intente evadirlas,  hay personas que llegan  con el propósito de cambiarte la vida.  Y es inevitable.  Puedo diferenciarte del resto de mujeres  si me miras de la misma forma  que haces para detener el tiempo.  Muchas intentan imitarte en vano  (lo sé, las he visto),  y es que lo más bonito de conocerte  es saber ...

Ni vuelo ni floto, solo caigo.

Yo no sé de pájaros, tampoco conozco la historia del viento. Pero creo que mi soledad debería tener alas. Antes no volaba, solo flotaba, y era cuando vos me mirabas. No sabes lo alto que llegaba. No sabes lo que dolió la caída. Solo me hacías flotar, nunca me enseñaste a caer. Dicen que cuando caes tenés que rodar, para salvarte y no morir. Yo hice todo lo posible para perecerme a una jabalina, pero sin punta. Claudique contra lo irreal y todas mis personalidades se hicieron una. Y hubo un orgasmo destructivo, de esos que crean ciudades después de destruirlas con la fuerza de un eco. Uno de mis pedazos dio contra tu sonrisa macabra. Aunque no lo creas, murió por segunda vez. Y ahora escribo desde lo descabellado, un lugar donde creo que estamos los muertos. O tal vez, si tengo suerte, todavía estoy cayendo, desmayado por causa del terror. Y todo esto no es mas que un sueño abrazado a una pesadilla para no caer solo. Ves, ni mis sueños tienen alas, ni en ellos puedo volar, o al meno...