No te tengo a vos pero no importa, tengo un corazón de porcelana, un latido sútil e indepediente, una voz lejana que hace eco. No te tengo a vos y me la baja, pero tengo en la despensa ron y vodka, tengo en los armarios chocolate, tengo en la repisa diez bukowski y tengo a Manuela cerca, siempre dispuesta y siempre desnuda. No te tengo a vos y sin embargo, tengo la sonrisa permanente, tres versos escritos en la espalda con los lunares haciéndo los acentos, y tengo una erección que no asesino con tu recuerdo ni con la nostalgia. Tengo diez neuronas sin tu nombre y una cicatriz de la que no te haces cargo, una muerte fugaz en la cabeza, un llámame mañana que no puedo, un hasta luego, un nunca, un para siempre. No te tengo a vos con tus caderas columpíandose perversas a tu paso pero tengo un columpio en el jardín de mi recuerdo que ya no echa de menos tu vaivén. Y también me tengo a mí aquí y ahora, y aunque pueda resultar insuficiente es mejor que la suma del contigo.
Si no escribo me muero.