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El final le pertenece al lector.

¿Sabes por qué escribo?
Porque me gusta destilarme en papel.
Ser tinta o bits manoseando todo.
Liberar la palabra o encerrarla en prosa,
da igual.

Escribo para ser siempre otro.
Para reconstruirme como montaña.
Para caer en abismos de terremotos.
Ilusionarme con suspiros ajenos.

¿Sabes por que lloro?
Porque me gusta ahogarme para afuera.
Inundar el mundo con mi sal
y hacer a todos hipertensos
o estatuas.

Dejo caer con la lágrima
tu mentira inmaculada,
tu deseo de estar siempre arriba del otro.
Con lo aburrido que es el misionero.

¿Sabes por que me fisuro?
Por gente como vos,
tan creído perfectamente que asusta.
Para escapar de tu mundo.
Ese que tiene cimientos de reglas
y órdenes macizas que para mi
son un colchón de algodones.

Para cambiar la perspectiva
y mudarme de ojos y de piel.
Porque yo se como sos,
no te gusta el cambio, te cabe la constante
y yo soy un osciloscopio rebotando
en un castillo inflable.

¿Sabes como voy a terminar este texto?
No, no sabes.
Porque lo vas a terminar vos.

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