Yo no sé de pájaros, tampoco conozco la historia del viento. Pero creo que mi soledad debería tener alas. Antes no volaba, solo flotaba, y era cuando vos me mirabas. No sabes lo alto que llegaba. No sabes lo que dolió la caída. Solo me hacías flotar, nunca me enseñaste a caer. Dicen que cuando caes tenés que rodar, para salvarte y no morir. Yo hice todo lo posible para perecerme a una jabalina, pero sin punta. Claudique contra lo irreal y todas mis personalidades se hicieron una. Y hubo un orgasmo destructivo, de esos que crean ciudades después de destruirlas con la fuerza de un eco. Uno de mis pedazos dio contra tu sonrisa macabra. Aunque no lo creas, murió por segunda vez. Y ahora escribo desde lo descabellado, un lugar donde creo que estamos los muertos. O tal vez, si tengo suerte, todavía estoy cayendo, desmayado por causa del terror. Y todo esto no es mas que un sueño abrazado a una pesadilla para no caer solo. Ves, ni mis sueños tienen alas, ni en ellos puedo volar, o al meno...
Si no escribo me muero.